martes, 21 de noviembre de 2017

Educamos para despertar en Otros la curiosidad y el deseo de aprender. (Entrevista a Mariana Ferrarelli)



Al igual que en los años anteriores, este año seguiremos con la publicación de entrevistas realizadas a docentes y a estudiantes, como insumos para la reflexión sobre nuestras prácticas y sobre los aprendizajes. Las respuestas de docentes y estudiantes, sujetos directamente involucrados en las prácticas sobre las cuales nos proponemos reflexionar en este Blog resultan fundamentales para profundizar el grado de análisis. Claro que podemos estar de acuerdo o no, claro que podemos disentir con determinadas apreciaciones y reconocer en las respuestas (y en las preguntas) posicionamientos pedagógicos e ideológicos compartidos o no pero de cualquier manera, los relatos en primera persona son siempre insumos de gran valor para construir y (re)pensar nuestros propios posicionamientos. En este caso es un placer publicar la entrevista que gentilmente respondió Mariana Ferrarelli *.

En sus primeras reflexiones, Mariana elige el término “educadora” en lugar de “docente”, asocia la idea de “educar” a cuestiones como contagiar, inspirar, acompañar y aprender y ubica al interés (y la motivación) de quien aprende en un lugar central y fundamental para (re)pensar(nos) y repensar nuestras prácticas docentes.

  • Mariana, ¿Qué es para vos “ser docente”?
  • Un docente es un buscador de oportunidades, no sólo de aprendizaje, sino también de reflexión, de autoconocimiento, de crecimiento personal y profesional propio y de los demás. A mí me gusta pensarme más como educadora. Me parece que el vocablo docente en sí mismo está asociado a cuestiones más burocráticas, de mercado laboral, de ‘condiciones salariales’ que, si bien no son un aspecto menor en nuestra tarea cotidiana, no alcanzan a cubrir la fibra más profunda  relacionada con la vocación y con la pasión que despierta el aula. A mí el aula me llama, me seduce, me envuelve… es mi ámbito de disfrute y de búsqueda por el sentido de casi todo. No me imagino haciendo otra cosa, allí soy feliz y puedo desplegar mi creatividad y proyectarme como persona, con mi subjetividad y mis ideas sobre el mundo y las personas que me rodean. Educamos para despertar en otros la curiosidad y el deseo de aprender que creo que es lo esencial de nuestro rol y es algo que llevamos con nosotros las 24 horas del día: no me visto de docente cuando entro a la escuela y me saco el traje cuando salgo por la puerta. Educamos las 24 horas del día.  Educar es contagiar, inspirar, acompañar, aprender. Aprender de mis colegas, aprender de mis alumnos; últimamente es de ellos de quienes más aprendo por eso prefiero definirme como alguien que educa y se educa permanentemente.

  • ¿Cuáles son tus objetivos/propósitos/expectativas de logros cuando comenzás una cursada?
  • Me parece que más allá de las cuestiones formales de los contenidos y de las competencias prescritas el objetivo fundamental es lograr que el alumno pueda desempeñar un papel activo en lo que a apropiación de nuevos saberes se refiere. Nadie va a aprender por vos; sos vos el que decide qué y cómo aprender. De manera que insisto con la idea de contagio y de generar en los estudiantes esa fascinación por el conocimiento, ese placer por explorar lo desconocido para que nos interpele y nos conmueva. Creo que el interés personal en algo es el motor de todo. Hasta cuando te falta capacidad o te falta conocimiento si ese es tu interés, si esa es tu pasión, lo vas a conseguir de alguna manera.

A la hora de pensar en las prácticas o herramientas que le han resultado más exitosas como facilitadoras de los aprendizajes de sus estudiantes, Mariana modifica el eje de la pregunta y piensa en “maneras de mirar el aula, de mirar a los estudiantes y de mirar nuestro rol docente” en lugar de estrategias y, en este sentido, piensa en la flexibilidad, la autonomía y la metacognición como horizontes que guían nuestra tarea y nos ayudan a vincularnos con l@s estudiantes de otras maneras.

  • ¿Cuáles de tus propias prácticas, herramientas, estrategias resultan más exitosas como instrumentos facilitadores de los aprendizajes de tus estudiantes?
  • Bueno, la escuela como institución social está afectada por el contexto histórico, económico y cultural en el cual está inmersa. En mi caso fui educada en el paradigma homogeneizante que busca aprendizajes y desempeños uniformes y estandarizados en los alumnos. Creo que el peso de nuestra biografía escolar es si no determinante al menos muy importante, con efectos por momentos invisibles y profundamente arraigados en uno. Y es mediante la reflexión sobre la práctica propia que uno identifica falencias y reconoce la necesidad y el momento en que debe migrar hacia otros modelos para dejar atrás cuestiones que son constitutivas de uno. Es muy difícil pensar en prácticas o estrategias ‘exitosas’ o mejoradas sin ponerlas en comparación con instancia menos felices en las que uno fue protagonista. Definitivamente creo que la gran puerta de ingreso hacia el aprendizaje significativo de los estudiantes se inaugura cuando un docente abraza la diversidad presente dentro del aula. Este proceso no se termina nunca y presenta desafíos de manera constante. Gracias al enfoque de Aulas Heterogéneas que conocí de la mano de Rebeca Anijovich modifiqué mi mirada sobre el aula, sobre mis alumnos y sobre mí misma. En este sentido creo que no hay herramienta o estrategia didáctica más poderosa que la mirada atenta del maestro a las necesidades, intereses, contexto social y cultural, estilos de aprendizaje, y experiencias de sus alumnos. En este marco destaco tres elementos que son fundamentales y transformadores de la enseñanza: la flexibilidad, la autonomía y la metacognición. Ser flexible implica tener la suficiente plasticidad y poder de adaptación para cambiar el rumbo de una clase/ proyecto/ momento cuando el contexto te indica que lo hagas. A simple vista parece una obviedad pero cuando fuiste formado en el paradigma homogeneizante que busca entrenar a los alumnos para obtener en todos ellos el mismo desempeño frenar el desarrollo de la clase expositiva para cambiar de dirección parece descabellado. Que la flexibilidad se convierta en un atributo de tu enseñanza significa también realizar un manejo diverso de los espacios en donde los alumnos van a trabajar, de los tiempos en que van a completar las tareas, y del tipo de actividades que vamos a ofrecer a nuestros estudiantes. Flexibilidad implica preparar un menú de opciones para que nuestros alumnos elijan con cuál trabajar; esto no significa que tenemos que diseñar 58 actividades distintas para una clase numerosa porque puede haber tareas comunes para todos,  pero sí nos abre la posibilidad de darles más de una sola opción para realizar un trabajo. Este elemento va de la mano de otro que también es muy importante que es la autonomía. Graciela Cappelletti propone pensar la autonomía como meta educativa tanto para alumnos como para docentes. El maestro estimula la autonomía cuando se corre el centro de la escena, cuando no pretende direccionar, corregir, controlar y dar instrucciones permanentemente. El alumno gana autonomía cuando sale de su zona de confort y reflexiona sobre su propio aprendizaje para tomar decisiones en contextos reales de autenticidad. En la universidad y en los institutos de profesorado cuesta abordar este aspecto. Esto me lleva a incorporar el tercer elemento que es la metacognicion. Pensar sobre el propio pensamiento, conocer cómo aprendo y qué me resulta más difícil, y cuál es el camino que debo tomar para resolver una tarea me permite como alumno anticiparme a las dificultades y planificar mis estrategias para completar una actividad. Flexibilidad, autonomía y metacognición no son estrategias que conforman un recetario de herramientas para poner en práctica, son maneras diferentes de mirar el aula, los estudiantes y nuestro rol en la clase. Conforman un horizonte que guía todo el quehacer diario y rigen nuestro vínculo con el entorno y las personas que lo habitan. Son caminos que permiten atender la diversidad de intereses y demandas de nuestros alumnos en un marco de justicia social y equidad que abre posibilidades reales para que las personas puedan desplegar sus potencialidades y aprendan de manera significativa para su historia y su contexto social y cultural.

Cerrando la entrevista, Mariana reflexiona sobre un tema más que álgido como es la evaluación, nos invita a pensarla (también) de otra manera, incorporando las (ya no tan) nuevas tecnologías (como los simuladores o las historias transmedia), nos cuenta algunos ejemplos de sus propia práctica que van en este sentido y vuelve sobre la idea del “contagio” y de generar el deseo de aprender de manera colectiva.

  • Si tuvieras que hacer una propuesta de cambio concreto que pudiera aumentar el compromiso, la motivación y la participación de l@s estudiantes, ¿qué propondrías y por qué?
  • Me parece que la evaluación es una gran cuenta pendiente en cualquier nivel de nuestro sistema educativo. La siento en algunos casos divorciada completamente de lo que ocurre dentro del aula.  Creo que como docentes nos cuesta mucho despegarnos de formatos tradicionales con los que fuimos educados y que un camino posible de cambio es avanzar sobre propuestas de evaluación auténtica  que abordan problemas de la vida real, que conectan la escuela con el mundo exterior y que le permite a los alumnos trabajar sobre desafíos verdaderamente significativos. Una propuesta interesante es la de Citep en la UBA que está trabajando con simuladores.  Me parece que las simulaciones son un recurso muy interesante que nos acercan las nuevas tecnologías y que permiten conectar la enseñanza y el aprendizaje con situaciones del mundo real. En educación media estoy ya hace unos años trabajando con proyectos transmedia que permiten conectar los aprendizajes con momentos de evaluación variados y auténticos. No son muy diferentes de un proyecto tradicional pero tienen la particularidad desplegarse en varias direcciones entre las cuales incluimos no solamente las redes sociales y los materiales creados por los propios alumnos sino también producciones elaboradas por agentes externos a la escuela que dotan a todo el trabajo de una cuota de realidad. El trabajo de los chicos es efectivamente leído afuera de la escuela y lo que se genera en el mundo exterior es incorporado a nuestras clases de manera cotidiana. En 2015 y 2016 trabajamos sobre un proyecto llamado Ciudades Visibles que retomaba el libro de Calvino Las Ciudades Invisibles con una vuelta 2.0, con trabajos de escritura, de composición visual y producción sonora por parte de los alumnos pero también por parte de artistas,  académicos de la UBA entre los que pudimos contar con tu participación, Pablo, y docentes de otras escuelas.  Entonces lo que se generaba era una práctica cruzada de lectura y escritura: mientras nosotros producíamos contenido adentro del aula, desde afuera nos llegaban contribuciones de personas externas a la escuela que leíamos y compartíamos en clase; a su vez estas mismas personas luego podían leer nuestras creaciones que se publicaban en la página del proyecto o circulaban por las redes sociales.  Este año y el que viene estamos arrancando un proyecto nuevo que se llama Orson80, en referencia a la expansión radiofónica del libro La Guerra de los Mundos por Orson Wells, y que  indaga  en el  impacto de la tecnología en nuestra vida cotidiana,  la confusión entre ficción y realidad,  las noticias falsas y la posverdad, y las consecuencias político-ideológicas de pensar al ‘otro’ como una alteridad hostil que me amenza y me ataca. Retomando la pregunta y volviendo a pensar en los simuladores para las ciencias médicas y biológicas, y en los proyectos transmedia para nivel secundario, creo que lo que comparten es esa conexión con el mundo real, el borramiento de las paredes que separan al aula de nuestras prácticas cotidianas, y la necesidad de asignarle al alumno un rol verdaderamente activo,  no ya desde el discurso sino desde los hechos pedagógicos concretos.

  • ¿Cuáles son y cuáles “deberían ser”, en tu opinión, los objetivos de la Educación?
  • Insisto con la metáfora del contagio y de generar en el otro la curiosidad por lo nuevo y el deseo de aprender infinitamente; aprender para avanzar más allá de los condicionamientos o situaciones que dificulten el camino. Pero no lo pienso en solitario, no me lo imagino como un trayecto individual sino como un viaje colectivo, solidario, en donde nos apoyamos en el otro y lo ayudamos cuando nos necesita. Educar para construir comunidad, empatía, cuidado del otro, protección y trabajo compartido.  


* Mariana Ferrarelli (@FerrarelliM) es licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) y profesora de educación media (https://www.facebook.com/mariana.ferrarelli). Actualmente escribe su tesis de maestría en cuyo marco investiga el impacto de las tecnologías digitales y las nuevas narrativas en la práctica docente. Se desempeña como facilitadora tecnológica en el colegio Barker, donde acompaña a docentes y alumnos en la integración de tecnologías digitales en diversos proyectos pedagógicos. Coordina tutorías virtuales para el INFoD, dependiente del Ministerio de Educación de la Nación, y dicta cursos de formación docente para la Universidad de San Andrés. Escribe artículos académicos sobre los siguientes temas: Aulas Heterogéneas, Narrativas Transmedia, Alfabetización Digital y Nuevas Tecnologías aplicadas al campo educativo (https://plus.google.com/+MarianaFerrarelli).

martes, 14 de noviembre de 2017

“Entre el arraigo y el éxodo, la filosofía de la Educación en nuestra América”, Carlos Cullen en el Cuarto Congreso Latinoamericano de Filosofía de la Educación.



Los días 10 al 13 de Octubre se llevó a cabo en Buenos Aires el Cuarto Congreso Latinoamericano de Filosofía de la Educación “Desafíos de la filosofía de la Educación en América Latina: memoria y prospectiva”, con los auspicios de la Facultad de Ciencias de la Educación (Universidad Nacional de Entre Ríos), la Facultad de Humanidades (Universidad Nacional de Salta), la Facultad de Ciencias Humanas (Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires) y Noveduc (Editorial Novedades Educativas).

A priori la idea del Congreso, las actividades propuestas y la presentación de conferencistas de la talla de Carlos Skliar, Fernando Bárcena o Carlos Cullen, nos permitían imaginar un escenario fértil para la (trans)formación individual y colectiva, sobre la que tanto insistimos desde este (intento de) espacio de comunicación.

El objetivo de esta entrada es, como adelantamos en la entrada anterior, contarles algunas de las muchas (y muy interesantes) reflexiones que dejó la conferencia de apertura (“Entre el arraigo y el éxodo, la filosofía de la Educación, en nuestra América”), a cargo del Dr. Carlos Cullen.

Ya en el inicio de la conferencia el Dr. Cullen nos adelanto que pretendía “poner en juego la tensión entre el arraigo y el éxodo como forma de resistir en una ética política de la Educación” pero, como advirtiéndonos de la posibilidad de alguna “repetición” o insistencia en sus ya conocidos posicionamientos, aclaró que más que “de ideas” iba a hablarnos “de obsesiones de hace muchos años” y que iba a utilizar el término “Nuestra América” (en lugar de “América Latina”) como una manera de incluir a l@s afrodescendientes.

Pensando el “arraigo” como el lugar “desde donde tenemos que partir” y el “éxodo” como el pasaje “de la esclavitud a la libertad, como ruptura de cadenas”, la tensión se resignifica entre un arraigo como “estar” (de pie, preparados para la marcha) y un éxodo como un “ser” (estar sentado, no moverse). En este sentido, según el filósofo, “el pensamiento hegemónico nos invita a ‘ser’ parte de una totalidad y a salir del ‘estar’ de la barbarie”. La conferencia fue una constante invitación a luchar contra el pensamiento único, como cuando el disertante recordó que le preguntaron a Noam Chomsky¿cuáles son las armas del imperio?” y el filósofo y politólogo estadounidense respondió “¿son las bélicas? Sí. ¿son las económicas? Sí. Pero sobre todo es el pensamiento único”. Según Cullen, “la resistencia a estos monopolios debe ser una de las banderas de la filosofía de la educación en nuestra América” y “la filosofía de la Educación hoy necesita pensar el camino de salida de la opresión y la esclavitud a la que nos somete el pensamiento único”. Entendiendo el arraigo como ese “estar”, que no es otra cosa que la condición humana, el desafío que plantea la tensión arraigo/éxodo, sería en vez de “ser sin estar”, “estar siendo”.

Avanzando en su presentación, Carlos Cullen retomo su resignificación de “Totalidad e Infinito” (de Emmanuel Lévinas) y nos invitó a pensar en “la opción entre la violencia y el reconocernos vulnerables (podemos ser tocados y heridos), el poder ser interpelado éticamente por el rostro del Otro en cuanto Otro”. A su conocida frase “Heme aquí, no me violentes”, le agregó “después conoceme, educame, reconoceme, enseñame, quereme pero, primero, no me violentes!

Retomando la idea de responsabilidad/respuesta, recordó que “para saber que puedo responder tengo que reconocer que alguien me llama, que alguien me toca, que el rostro del Otro nos interpela éticamente”. Poner en diálogo la lucha contra el pensamiento único con esta idea de responsabilidad/respuesta al llamado del Otro, implica “ser críticos a la totalidad que no admite ninguna exterioridad” y entender a la Educación como “exterioridad interpelante de la totalidad violenta que puede ser mi siempre mismidad de educación”.

Terminando su conferencia, Carlos Cullen nos instó a no dejar de hacer “un esfuerzo por conocer al Otro pero que no sea una excusa para violentar su alteridad”, recordándonos que “hay algo anterior a la diferencia, que es la alteridad, la Otredad”, que “una filosofía de la educación desde nuestra América debe evitar caer en los arraigos exagerados ni creer en los grandes discursos acuñados por la modernidad” y que, como educadores debemos sabernos “siempre interpelados, para una educación liberadora y emancipadora”.

martes, 7 de noviembre de 2017

Cuarto Congreso Latinoamericano de Filosofía de la Educación: una responsabilidad ético-política por el Otro.



Los días 10 al 13 de Octubre se llevó a cabo en Buenos Aires el Cuarto Congreso Latinoamericano de Filosofía de la Educación “Desafíos de la filosofía de la Educación en América Latina: memoria y prospectiva”, con los auspicios de la Facultad de Ciencias de la Educación (Universidad Nacional de Entre Ríos), la Facultad de Humanidades (Universidad Nacional de Salta), la Facultad de Ciencias Humanas (Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires) y Noveduc (Editorial Novedades Educativas).

A priori la idea del Congreso, las actividades propuestas y la presentación de conferencistas de la talla de Carlos Skliar, Fernando Bárcena o Carlos Cullen, nos permitían imaginar un escenario fértil para la (trans)formación individual y colectiva, sobre la que tanto insistimos desde este (intento de) espacio de comunicación.

El objetivo de esta entrada es contarles algunas ideas (por supuesto sesgadas y recortadas según nuestros intereses, nuestra trayectoria y nuestros posicionamientos) sobre las que se reflexionó en (por razones obvias) sólo algunas de las muchas actividades (conferencias, mesas de trabajo, seminarios, talleres, actividades culturales) que ocurrían simultáneamente en varios espacios del Campus de la Universidad de San Martín (UNSAM) durante más de 10 horas cada día.

La presentación del Congreso estuvo a cargo de Renato Huarte Cuellar (presidente de ALFE) y Carlos Greco (Decano de la Escuela de Humanidades de UNSAM) quien dio la bienvenida en nombre de esta institución (del conurbano bonaerense) que está cumpliendo 25 años y tiene una matrícula de 22000 estudiantes, que incluye un 75% de “primea generación de universitari@s”.

Párrafo aparte merece el campus de la UNSAM: un hermoso lugar (limpio y cuidado) que presenta estructuras recicladas (que aún conserva en tornavías original de los talleres ferroviarios) combinadas con modernos edificios y laboratorios de investigación y hasta una carpa de circo. Cada vez que nos ha tocado ir, nos han tratado de maravilla y se respira un clima de alegría y respeto en toda la comunidad universitaria que se advierte no sólo en el cuidado del espacio sino también en los rostros de estudiantes y docentes que, sentados en el pasto, en los bancos, en las aulas, caminando por los pasillos o estudiando en la (moderna) biblioteca, llenan de Vida el lugar.

La conferencia de apertura (“Entre el arraigo y el éxodo, la filosofía de la Educación, en nuestra América”) estuvo a cargo del Dr. Carlos Cullen y dejó tantas reflexiones tan interesantes para (re)pensar(nos) y repensar nuestra práctica que serán presentadas en una próxima entrada.

Respecto a las presentaciones de las mesas de trabajo lo primero que aparece como reflexión es la alegría de saber que hay mucha gente haciendo (y pensando) muchas cosas. Por supuesto, algunas mejores y otras peores, algunas con mayor rigor científico y otras con menor rigor científico, algunas planteadas desde posicionamientos que un@ comparte más y otras planteadas desde posicionamientos que un@ comparte menos. Pero es grato saber que son much@s l@s docentes o los “actores” vinculad@s con el campo educativo que están reflexionando e investigando sobre su prácticas.

También es interesante romper un poco con esa lógica de docentes que nos juntamos en Congresos de Educación a reflexionar sobre “lo mal que está la Educación”. En la mayoría de los Congresos de las demás disciplinas se juntan para mostrar sus éxitos y sus logros y ni se les ocurriría presentar todas las experiencias que no resultaron como esperaban. Si bien no coincidimos con esa idea de pensar en la Educación como la causa y la solución (vaya paradoja) de todos los problemas de la sociedad y a pesar de ver con buenos ojos nuestra “clásica autocrítica docente”, celebramos que en estos encuentros también nos hagamos lugar para reflexionar sobre los supuestos que subyacen a nuestras prácticas.

Ahora sí, nos metemos con las reflexiones más interesantes o más “radiales”, en términos de haber sido abordadas en varios espacios desde diferentes lugares, indicando que son cuestiones centrales del debate actual en relación con la filosofía de la educación en nuestra América. La palabra más repetida a lo largo del Congreso no fue “Educación”, ni fue “aprendizajes”, ni fue “docente”, ni fue “filosofía”. La palabra más repetida fue: “Otro”. Desde este humilde espacio, que pretende semanalmente invitar a la reflexión, nos alegramos profundamente de este hecho para nada menor, ya que consideramos que todo lo que hace a nuestra práctica docente y, por ende, a los aprendizajes de nuestr@s estudiantes está determinado por una cierta manera de construir al Otro y de darle al Otro “un lugar”.

Dos ideas aparecieron, abordadas desde diferentes lugares, a lo largo de varias actividades, indicando que son cuestiones centrales del debate actual (al menos en el campo de la filosofía de la Educación): la dimensión ético-política de la tarea docente y la construcción del otro en tanto otro. Así fue como en una de las muchísimas “mesas de trabajo” Alex Cárdenas Guenel (de Chile) nos habló de “El diálogo como fundamento ético de la Educación” y Facundo Giuliano (de Argentina) nos presentó su trabajo “El totalitarismo de la razón evaluadora en Educación. Una introducción filosófico-educativa: por un desvío ético-político”. En el mismo, Facundo nos invitó, con claras referencias a Hanna Arendt, Carlos Cullen, Jacques Ranciere y Carlos Skliar, a pensar en un desvío que desnaturalice la “dualidad” educación/evaluación y a concebir la evaluación como “un acontecimiento que invite a la escucha y permita la aparición de otro original”. Algo parecido ocurrió en los talleres, como el taller “La pregunta: instrumento y posibilidad en la formación docente”, organizado por docentes y estudiantes del Instituto de Enseñanza Superior Alicia Moreau de Justo, en el que nos invitaron (con interesantes y muy preparadas actividades) a pensar las posibilidades del diálogo y los “usos” de las preguntas a partir de una hermenéutica ontológica Gadameriana. Así fue como pensamos en las “preguntas posibilitadoras y auténticas” (sin respuestas prefijadas que pueden dar lugar a conocimientos nuevos para los dialogantes) como “apertura de la Otredad” y en el diálogo “logrado” como un “espacio” en el que hay un conocimiento del Otro pero también un conocimiento de uno mismo.

El cierre del Congreso no podía haber sido mejor. El Viernes al mediodía arrancó con la conferencia de cierre “Preguntas y enseñanzas que vienen de antaño (elogio de una vida filosófica)”, a cargo de Fernando Bárcena y Carlos Skliar pero nos tenía preparada una sorpresa que nos conmovería a tod@s. Durante la conferencia Fernando y Carlos nos invitaron a pensar ¿qué preguntas antiguas aún podemos preguntar(nos)? y así fue como llegaron a tres líneas de preguntas que aún debieran orientar nuestras reflexiones en el campo de la filosofía de la Educación:

  • ¿Quién sostiene, de verdad, que sin Educación no hay sujeto? 
  • ¿Cómo y quién sostiene que educar significa salir al mundo (no al mercado) para allí, en esa travesía, aprender el difícil arte de vivir (no de ganarse la Vida)? 
  • ¿Qué figuras del profesor alimentan esta búsqueda?


Probablemente, como sugirió Carlos Skliar, somos “los que vamos al aula todos los días” los que sostenemos “esa” Educación  y la figura del “maestro” (del Educador) debería ser “una figura que recupera la alteridad (del maestro), la anterioridad (no de pasado ni de la herencia pero si de ese “hemos estado antes en el mundo”) y la conversación (como una conversación que se aleja del diálogo instrumental y se pregunta, de repente, ¿de qué estábamos hablando?)”. Pero como les adelantamos, nos aguardaba una hermosa sorpresa: Fernando y Carlos (nos) habían preparado un cierre de lujo que combinó música, literatura, poesía, lectura y canción y que provocó la emoción de tod@s l@s que allí estábamos confirmando ese la experiencia compartida y del acontecimiento que conmueve y del que nos salimos igual que como entramos porque nos afectó (desde los afectos) y nos transformó. Pero contarlo sería inútil y l@s invitamos a que lo vean (y lo disfruten) en este link.

Desde este Blog celebramos y celebraremos la reflexión sobre la práctica docente, sobre los aprendizajes y sobre la Educación y alentamos a docentes de todos los niveles educativos a que participen de todos los espacios de vínculo y comunicación posible. Estamos convencid@s del valor de este tipo de encuentros en los que podemos compartir experiencias, ideas y reflexiones, y enriquecer nuestros pensamientos (y nuestras acciones) con los aportes de colegas de diferentes lugares y variadas trayectorias. Sin embargo, y como reflexión última pero no final (de este texto), estamos igual de convencid@s del valor que también tiene la reflexión de cada docente en su práctica diaria, de cada equipo docente y de cada institución, puertas adentro, que sin necesidad de viajar cientos de kilómetros ni de participar de eventos de estas características será la base para fundamentar los cambios que nos conduzcan a una Educación más equitativa, a una práctica docente más innovadora que esté a la altura de los tiempos que nos tocan y a ser verdader@s facilitadores de aprendizajes cada vez más significativos en estudiantes cada vez más autónomos.