martes, 18 de julio de 2017

¿Cómo aprende Yael? Repetición y maneras (diferentes) de vincularse con Otros para aprender.

Desde 2014 el Blog viene publicando textos que reflexionen sobre “cómo aprendemos”. Como dijimos en varias entradas anteriores pareciera ser que much@s docentes creemos (con las mejores intenciones) que debemos ser facilitadores de los aprendizajes y obramos o creemos que obramos (en consecuencia) con el objetivo de que nuestr@s estudiantes aprendan.

Sin embargo, no tenemos muy en claro “cómo se aprende”, qué hacen nuestr@s estudiantes para aprender, cómo hacen nuestr@s estudiantes para aprender los contenidos (disciplinares, actitudinales y de procedimientos) de nuestras materias.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo aprendemos o cómo aprenden l@s estudiantes, con el objetivo de ser mejores facilitadores de esos aprendizajes (cada vez más significativos) en nuestr@as estudiantes, cada vez más autónomos. En este caso la reflexión es a partir del relato que gentilmente escribió Yael Candel *.


Cuando Yael reflexiona sobre cómo aprende contenidos escolares o académicos nos cuenta que “lo que hacía y hago básicamente es leer a consciencia y con mucha concentración la bibliografía correspondiente y, a su vez, me fijo en lo visto en clase y tomo aquello como los puntos más importantes en los cuales me tengo que focalizar para, de esta manera, armarme un resumen desarrollando más estos temas con la bibliografía. Luego, leo varias veces los resúmenes hasta fijar las ideas y conceptos. Yael rescata el valor que tiene expresar oralmente lo que se está aprendiendo (ese “contárselo a alguien”) independientemente de que la evaluación sea oral o escrita y agrega: “Me sirve mucho contarle a alguna persona oralmente lo que sé, sea el examen escrito u oral, como una manera de seguir fijando conocimientos y también para saber yo misma cuánto sé. Me cuesta un poco estudiar en grupo con otros compañeros porque cada uno tiene distintos tiempos de estudio y distintas obligaciones y horarios, pero las veces que lo hice me sirvió mucho”.

En las palabras anteriores se advierte el valor que tienen para Yael las exposiciones orales y los procesos cognitivos que se ponen en juego cuando intentamos “contar” a otr@s los que están siendo aprendidos. ¿Cuántas de nuestras propuestas didácticas o de las actividades que (habitualmente) les proponemos a nuestr@s estudiantes involucran la utilización de éstas u otras herramientas facilitadoras de los aprendizajes? Y ya que estamos en “tono preguntón”, ¿Se dieron cuenta que en su relato en ningún momento habla de l@s docentes (ni de las prácticas de enseñanza) cuando cuenta “cómo aprende”?

A la hora de pensar en otros tipos de aprendizajes, Yael considera central “la repetición” y ahora sí aparece la figura de un “Otro” que sirve como guía o como referencia: “para aprender algo no escolar ni académico creo que lo más importante para mí es la repetición, la imitación y la corrección. La primera vez que me dicen cómo usar tal programa o tal objeto, claramente no lo aprendo y tengo que estar preguntando todo el tiempo sobre distintos aspectos de su uso a la persona que me está enseñando. La segunda vez también y así varias veces hasta que la repetición sucesiva de la actividad hace que la aprenda y lo pueda hacer yo sola sin la ayuda de otras personas. En este proceso de aprendizaje también me es útil ver cómo las otras personas hacen aquello que estoy aprendiendo, como para tener a esa persona de referencia, y también está bueno que me corrijan si estoy haciendo algo mal”.

A la hora de pensar, de manera comparativa, los aprendizajes “académicos” y “no académicos”, Yael vuelve sobre las mismas dos cuestiones: la repetición y el rol que juegan “los otr@s”. Es interesante leer sus reflexiones ya que si bien en el tema de la repetición encuentra más similitudes que diferencias, en al analizar la participación del Otro (¿el docente?) encuentra más diferencias que similitudes: “comparando los dos tipos de aprendizaje puedo ver que la repetición es un aspecto que se repite en ambos; en los aprendizajes académicos aparece cuando me refiero a leer varias veces los resúmenes hasta fijar los conocimientos y en los no académicos, cuando me refiero a repetir una y otra vez la actividad hasta finalmente incorporarla por completo. En cuanto a la intervención del otro, en los no académicos se ve claramente que es otra persona la que me enseña a usar el determinado elemento o a hacer determinada actividad, pero en los aprendizajes académicos el aprendizaje es exclusiva responsabilidad mía y el otro está presente como una especie de ayuda para que yo pueda evaluar cuánto sé, aunque al estudiar con otros compañeros o al consultarles alguna duda uno también está aprendiendo pero siempre con mayor independencia”.

Finalmente, Yael nos deja su propia concepción de esta palabra, esta idea, este concepto que tanto nos cuesta entender pero que tanto queremos facilitar y analiza el valor que tiene reflexionar sobre cómo aprendemos: “al pensar sobre estas cuestiones de cómo aprendemos, uno se pone a pensar cosas que quizás nunca antes se había cuestionado. La forma que yo tengo para estudiar está ya incorporada en mí y cuesta a veces ponerme a pensar en si me sirve lo que estoy haciendo o si hay otras opciones que puedo tomar y que me servirían mucho más. Pero creo que es beneficioso evaluar estas cosas en algún momento, ya que uno quizás arrastra costumbres que tiene de hace años, de cuando estaba en la escuela, pero a medida que uno crece y las responsabilidades académicas se van complejizando quizás es bueno cambiar ciertos métodos de aprendizaje.

* Yael Candel (Facebook.com/yael.candel) es estudiante de Veterinaria en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires. Es periodista y tía. Ama a sus amigos y a su familia, y le encanta bailar y viajar. Sueña con ser mamá y veterinaria.


martes, 11 de julio de 2017

Sujetos que producen conocimiento y se (trans)forman (juntos) para cambiar el mundo. (Entrevista a Inés Santini)

Al igual que en los años anteriores, este año seguiremos con la publicación de entrevistas realizadas a docentes y a estudiantes, como insumos para la reflexión sobre nuestras prácticas y sobre los aprendizajes. Las respuestas de docentes y estudiantes, sujetos directamente involucrados en las prácticas sobre las cuales nos proponemos reflexionar en este Blog resultan fundamentales para profundizar el grado de análisis. Claro que podemos estar de acuerdo o no, claro que podemos disentir con determinadas apreciaciones y reconocer en las respuestas (y en las preguntas) posicionamientos pedagógicos e ideológicos compartidos o no pero de cualquier manera, los relatos en primera persona son siempre insumos de gran valor para construir y (re)pensar nuestros propios posicionamientos. En este caso es un placer publicar la entrevista que gentilmente respondió Inés Santini *.

En sus primeras reflexiones, Ine nos invitar a invertir la lógica de la Educación como “transmisión de información” por una “formación para generar información”, poniendo al estudiante en el lugar de productor de conocimiento (leyendo, investigando, indagando, construyendo) y al docente en el lugar de quien motiva y acompaña en esa transformación. 

  • Ine, ¿Qué es para vos “ser docente”?
  • Para mí, un docente es aquella persona que se preocupa por el aprendizaje de sus alumnos acompañándolos en cada momento. Tiene como objetivo principal lograr que los estudiantes se interesen por los contenidos y terminen el año con nuevos conocimientos. Los verdaderos docentes cumplen su tarea cuando logran que el alumno continúe investigando la materia, abriendo su interés por aprender más allá de los contenidos propuestos, especialmente cuando posibilita relacionarlos con otras áreas. Es decir, la docencia no es tanto una transmisión de información, sino una formación para crear una mayor información.

  • ¿Qué características creés que debería tener un docente para ser mejor como facilitador de los aprendizajes de l@s estudiantes?
  • Un docente tiene que tener una formación teórica adecuada en el conocimiento de su área, pero también preparación en pedagogía. Es la combinación en ambas áreas lo que perfecciona su trabajo. Al mismo tiempo considero que es indispensable que tenga buena empatía, porque solo así podrá tener, además de la base de lo que transmite, una llegada adecuada a cada miembro de su alumnado.

A la hora de relatar episodios que hayan sido significativos en su trayectoria educativa, Inés elige dos (uno de Bioquímica y uno de Lengua y Literatura) en lo que se aprecia un elemento en común: se trata de propuestas docentes que invitan a la reflexión, a la escritura (reflexiva) y a la (trans)formación personal más allá de los contenidos de la materia.

  • ¿Podrías relatar un episodio significativo de tu experiencia como estudiante en relación a algún docente o a alguna práctica docente?
  • En la primera clase de Bioquímica del año pasado, el profesor nos hizo escribir en un papel aquello que nosotros creíamos que los demás piensan de nosotros. Luego nos invitó a tirarlo al cesto de residuos que había puesto en el centro del aula. Quedó muy claro cuál era el lugar en donde teníamos que poner la opinión de los demás acerca de nosotros. La actividad me resultó útil en efectos prácticos porque a mí me ayudó a replantearme mis relaciones con distintos grupos a los que pertenecí en el colegio. Es decir, me ayudo para crecer. En el mismo sentido, hubo una actividad interesante con la profesora de Lengua y Literatura de cuarto, que nos hizo escribir una carta a nosotros mismos para ser abierta dos años después cuando estemos egresando. Teníamos que poner como nos veíamos a nosotros mismos y al grupo, y como nos veríamos dos años después. Creo que leer esa carta va a ser muy interesante cuando llegue el momento.

Cerrando la entrevista, Ine vuelve a dejar en claro la importancia que tiene la Educación en la construcción de las sociedades y la dicotómica (y paradójica) posibilidad que tiene la #Educación de ser un elemento de sostenimiento del status quo y de reproducción de las desigualdades o de ser un factor de cambio, de (trans)formación y de emancipación individual y colectiva.

  • Si tuvieras que recomendarle a l@s docentes un libro, una canción o una película que considerás “relevante” para mejorar la práctica docente, ¿qué libro, canción o película nos recomendarías y por qué?
  • En cuanto a las películas, recomendaría: La sociedad de los poetas muertos porque representa la tensión de una actitud pedagógica que aprecia la libertad en un sistema de reglas cerradas que invaden hasta lo más privado de las personas; The Wall de Alan Parker que es elocuente en cuanto a mostrar la educación como formadora de sujetos sociales necesarios (la máquina de picar carne); El viaje de Chihiro porque muestra cómo la fantasía de un niño es una herramienta que permite penetrar en lugares que los adultos tienen ocultos; y también La tumba de las luciérnagas, ya que es el alegato más conmovedor acerca del sufrimiento de la niñez en la guerra. Recomiendo como temas musicales El país de la libertad cantado por León Gieco, que es como sueño yo la Argentina y Tribulaciones, lamentos y ocaso de Sui Generis que habla sobre la resistencia. No dejaría de citar las opiniones de Carlos Skliar sobre la educación pública.

  • ¿Cuáles son y cuáles “deberían ser”, en tu opinión, los objetivos de la Educación?
  • Para mí la educación siempre tiene una meta formadora de personas, la cuestión es qué se quiere formar, si individuos dóciles para que constituyan un sistema social no elegido, o si se los forma para ser libres, creativos y desarrollar un mundo mejor. Estos últimos deberían ser sus objetivos principales, pero no es algo que se dé sistemáticamente, aunque sí hay docentes que lo promueven. En este sentido se refleja de lo que hablamos de la película La sociedad de los poetas muertos y The Wall.

* Inés Santini (@ine_santini) es estudiante de quinto año de la Escuela Técnico Profesional de Nivel Medio en Producción Agropecuaria y Agroalimentaria de la UBA. Cursó el nivel inicial y escuela primaria en la Escuela 7 D.E. 12 “Jorge Newbery”. Futura estudiante de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA. Amante empedernida de los animales, de la música, de la política e interesada en la problemática social. Asiste a clases de dibujo y le encanta dibujar retratos.


martes, 4 de julio de 2017

Mirar a los ojos y estimular un (solidario) deseo de aprender. (Entrevista a Sofía Zibecchi)

Al igual que en los años anteriores, este año seguiremos con la publicación de entrevistas realizadas a docentes y a estudiantes, como insumos para la reflexión sobre nuestras prácticas y sobre los aprendizajes. Las respuestas de docentes y estudiantes, sujetos directamente involucrados en las prácticas sobre las cuales nos proponemos reflexionar en este Blog resultan fundamentales para profundizar el grado de análisis. Claro que podemos estar de acuerdo o no, claro que podemos disentir con determinadas apreciaciones y reconocer en las respuestas (y en las preguntas) posicionamientos pedagógicos e ideológicos compartidos o no pero de cualquier manera, los relatos en primera persona son siempre insumos de gran valor para construir y (re)pensar nuestros propios posicionamientos. En este caso es un placer publicar la entrevista que gentilmente respondió Sofía Zibecchi *.

En sus primeras reflexiones, Sofi nos recuerda que el rol del docente lejos de ser el tradicionalmente aceptado “rol del enseñar” y algo más cerca de ser el “rol de acompañar en los aprendizajes”, parece tener más que ver con el de conmover (enternecer, provocar emociones, perturbar, inquietar, estremecer, hacer temblar, mover fuertemente) y (trans)formar a l@s estudiantes.

  • Sofi, ¿Qué es para vos “ser docente”?
  • Para mí el docente es aquel que logra llegarles a los chicos. Es esa persona que logra que salgamos distintos cuando toca el timbre, que nos hace crecer, pensar. Docente no es el que está recibido, o el que tiene linda letra en el pizarrón. Docente es el que nos mira a los ojos y nos enseña esas cosas que tanto hacen falta; la curiosidad, el deseo de aprender, de mejorar, pero no por uno mismo, al contrario. El deseo de ser mejores por el resto, por la sociedad, por el futuro. Cambia en cada uno de nosotros la forma de ver el mundo y eso, afortunadamente, es irreversible.

  • ¿Cuáles son tus objetivos/propósitos/expectativas de logros cuando comenzás una cursada?
  • Mis objetivos en general tienden a ser prácticos; me gusta encontrarle una aplicación en el mundo real (si es que se le puede decir así) a los conocimientos que adquiero en el aula. Disfruto salir de ésta pensando en lo que acabo de ver, y haciendo mis propias conjeturas. Siento que me saltee una parte que considero obvia pero no por eso menos fundamental que es la de mí deseo de aprender. Aprender es, sin lugar a dudas, mi mayor expectativa siempre que comienzo una cursada.

A la hora de pensar en las características que deberíamos tener l@s docentes, Sofi rescata la paciencia como un indicador de vocación y el pensamiento crítico como una invitación (aunque suene redundante) al pensamiento crítico.

  • ¿Qué características creés que debería tener un docente para ser mejor como facilitador de los aprendizajes de l@s estudiantes?
  • Un docente debe ser paciente, crítico y debe tener una mente abierta. La paciencia es una característica que admiro mucho y que considero que demuestra mucha vocación. El interés de que un chico aprenda, no importa si tarda una hora, un día o un año, es un valor que siempre me sorprende. Ser crítico siento que es importante para lograr lo mismo en el alumno, instalar un pensamiento que incite a reflexionar. Y la mente abierta se podría llamar también aceptación, el alumno debe poder confiar en su docente y saber que no va a ser juzgados si no comprendidos.

Cerrando la entrevista, Sofi profundiza sobre un tema que nos (pre)ocupa y sobre el que ya discutimos (y seguiremos discutiendo) mucho en este Blog: la evaluación. Esa evaluación que lejos de servir para mejorar los procesos de enseñanza, para ajustar expectativas, para reflexionar sobre los aprendizajes, estandariza, clasifica y estigmatiza a l@s estudiantes al mismo tiempo que deforma todo el proceso de enseñanza cuando éste se somete a la lógica de la evaluación actual perdiendo de vista los sentidos del hecho educativo.

  • Si tuvieras que hacer una propuesta de cambio concreto que pudiera aumentar el compromiso, la motivación y la participación tuya y de tus compañer@s, ¿qué propondrías y por qué?
  • Aunque modifiquemos todo el sistema de enseñanza, si mantenemos la forma de evaluación, me atrevo a decir, arcaica que existe hoy en día es imposible que avancemos mucho. Un alumno se siente definido, encasillado por su nota, que es obtenida de una prueba estandarizada en la que no se tiene en cuenta sus capacidades, sino que se evalúa con un criterio general. Hay una frase que a mí me gusta mucho que es “Todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar árboles vivirá toda su vida pensando que es un inútil”. Esa frase resume todo, el sistema de educación actual no se concentra en averiguar e incentivar el potencial de cada chico, sino que los moldea, los acomoda, los recorta, para que sean y piensen de una determinada manera. Así, un chico extremadamente creativo pero muy malo en matemática no es considerado inteligente, aunque en la misma situación pero a la inversa sí lo es. Tal vez deberíamos comenzar a plantearnos como sociedad que es lo que consideramos inteligente, y fundamentalmente que es lo que consideramos aprender.

  • ¿Cuáles son y cuáles “deberían ser”, en tu opinión, los objetivos de la Educación?
  • Actualmente los objetivos de la educación que observo son la producción (sí, producción) de adultos que sean “funcionales” en el mundo que viene luego de la educación. Ahora, considero que los objetivos deberían ser la formación y transformación de los niños en adultos independientes, creativos, felices. Creo que el objetivo principal de la educación es darle a las futuras generaciones las herramientas para cambiar la sociedad, para mejorarla, para superarnos a nosotros mismos. Debería inculcar no competencia e individualismo sino un sentimiento de sociedad, de hermandad.


* Sofía Zibecchi (@sofi_zibecchi) tiene 16 años y es alumna del Colegio Federico García Lorca. Actualmente cumple el rol de presidenta del Centro de Estudiantes. Se considera una fanática de la política, los libros, la música y la fotografía. Disfruta mucho de sentarse a escribir (http://paisdelasalegorias.blogspot.com.ar/), así como también de ponerse a cocinar. Se define como una empedernida feminista y peronista.

martes, 27 de junio de 2017

Que clase más larga!



¿Qué es una clase larga? ¿Qué es una clase corta? ¿Cuándo una clase “se hace larga”? ¿Cuándo una clase “se hace corta”?

Es bastante común escuchar a l@s estudiantes quejarse de lo largas (y tediosas) que “se les hacen” (o, mejor dicho, les hacemos) ciertas clases. También nos puede pasar (si las planificamos y desarrollamos adecuadamente) que escuchemos a estudiantes decir que la clase “se pasó volando”. Tod@s entendemos qué quiere decir tanto una cosa como la otra y si bien no deberíamos dejar de reflexionar sobre los motivos por los para l@s estudiantes (y para l@s docentes) determinadas clases se (nos) pasan volando y otras se (nos) hacen eternas, ese no el objetivo de esta entrada.

Esta entrada pretende invitar(nos) a reflexionar sobre otra serie de expresiones también relacionadas con la “longitud” (sí, como una cuestión bien “métrica”) de las clases y habitualmente pronunciadas por l@s docentes como “tal clase es relarga”. No “se hace relarga” (ni recorta) por lo que hagamos (o dejemos de hacer) sino que l@s docentes dicen que, efectivamente, “es larga”. O corta. Sigamos.

Hace poco se “perdió” una clase (podríamos armar algo así como un “Missing Children” para las “Missing Classes”, no sea cosa que l@s estudiantes “se pierdan” de escucharnos hablar de algo) por un paro nacional (que incluía un paro de transportes) y la cátedra sugirió “recuperar” los contenidos de esa clase (otra vez, no sea cosa que l@s estudiantes aprendan algo sin que nosotr@s se lo “expliquemos”), no en cualquier clase sino en una puntual porque esa clase “es más corta”. Me quedé pensando. ¿Acaso todas las clases de nuestra materia no duran tres horas y media? Sí, sí, ya sé que es muchísimo pero dejemos eso para otra entrada. ¿Acaso (casi) todas las clases de (casi) todas las materias no duran lo mismo? ¿Qué quería decir que esa clase es “más corta”? ¿Que hay menos “para dar”? ¿Que los temas (o lo que l@s docentes sabemos/decimos/recortamos de los temas) de ese día son menos extensos? Cuando un docente dice que tal clase “es relarga”, ¿qué querrá decir? ¿Que hay más “para dar”? ¿Que los temas (o lo que l@s docentes sabemos/decimos/recortamos de los temas) de ese día son más extensos?

No deja de llamarme la atención lo fácil que se asocia “clase” con contenidos y “contenidos” con “exposiciones” orales de l@s docentes. No deja de sorprenderme la concepción del conocimiento (y de los modos de construir conocimiento) que hay que tener para creer que un tema es “largo” o “corto”, midiéndolo en función de lo que dice el programa de contenidos de una materia, de lo que sabe (o cree saber) el docente o, peor aún, de lo que el docente “dice” en una clase, como una verdad revelada, única, incuestionable, acabada y finita. Independientemente de lo inútil que puede resultar (en no pocos casos) la (mera) exposición oral de un tema, ¿alguien cree que en una clase podría “decirse todo” de algún tema? Si siempre es un recorte, ¿no podríamos recortar más o menos (lo que decimos, no lo que se aprende!) en función del tiempo de clase que querramos dedicarle al “momento expositivo”, si es que lo hubiera?

No tenemos dudas de que (en función de lo que hagamos l@s docentes y de lo que les propongamos hacer a l@s estudiantes) hay clases que se (nos) pasan volando y otras que se (nos) hacen eternas pero, si aceptamos que el conocimiento no es limitado, no es “abarcable” en ningún caprichoso recorte académico, es dinámico y se construye social y constantemente, no podemos pensar la clase en función de una “longitud” que no existe y que niega (o, al menos, desconoce) la posibilidad de que l@s estudiantes aprendan más (o menos) que lo que l@s docentes sabemos o creemos saber.

Empiezo a pensar que esta entrada se está “haciendo muy larga”, no porque no tengamos más cosas por decir sino porque creemos que es hora de que este texto (si cumple su objetivo) l@s haga decir algunas cosas a ustedes, l@s haga pensar cosas que no han pensado, escribir cosas que no han escrito y, si así fuera, seguramente cosas que nosotr@s ni pensamos, ni escribimos, ni imaginamos. Y, tal vez, (ahora sí) ses sí sea el objetivo de esta entrada.


martes, 20 de junio de 2017

Raísa y “la Educación”: de Ciudades, Filosofías y Otredades.


En esta primera parte de este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestr@s estudiantes (cada vez) más autónomos; nos invitamos a releer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores, como forma de volver a “ponernos” en tema. Para l@s que no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para los que sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 6 de Diciembre de 2016:


Hace unos meses recibí una interesante propuesta: la colega Marian Ferrarelli (@FerrarelliM), a quien “conozco” a través de Twitter, me propuso participar de la #TransmediaWeek en su proyecto “Visible Cities by Italo Calvino”. La #TransmediaWeekes una plataforma global de eventos comunitarios interconectados que se centran en los aspectos culturales, sociales, políticos, tecnológicos, legales, académicos y comerciales de las narrativas transmedia. La invitación era por demás interesante: escribir un texto sobre algún aspecto de la Educación que me interesara (como la construcción de la otredad) que pudiera ser parte de este proyecto que de alguna manera “visibiliza” las invisibles ciudades de Italo Calvino en tono transmedia.

La propuesta de Marian me motivó y me “convocó” desde varios lugares: primero desdemi pasión por la Educación y por la reflexión sobre la Educación, segundo desde mi profunda admiración por Italo Calvino y por su apasionante libro “Las Ciudades Invisibles” y tercero desde mi convencimiento de la necesidad de escribir(nos), leer(nos) y conectar(nos) para (re)pensar(nos) y (trans)formarnos de manera colectiva.

Así que acepté.

Y me propuse pensar alguna de las ciudades del libro desde mi percepción sobre la manera en que construimos a “los Otros” en el hecho educativo. La primera ciudad en“aparecer” en mi cabeza fue Zenobiapero el excelente “uso” que hizo de ella Lila Pinto, en una inspiradora presentación que recomiendo, me hizo descartarla. Luego de releer (una vez más) esta maravillosa obra, consideré a Ottavia,Olivia y Perinzia. Empecé a escribir sobre ellas pero no me convencían. Hasta que apareció Raísa y las reflexiones que me generó dieron origen al texto que le mandé a Marian, que se publicó en el sitio de su proyecto y que, magníficamente, musicalizó (en “Raísa, una canción”) Stephanie Macchi.

La idea de esta entrada es compartir con l@s lectores de #AsiFuimosAprendiendo, el texto que significó mi humilde aporte a la #TransmediaWeekde este año, titulado Raísa y “la Educación”: de Ciudades, Filosofías y Otredades:

Personalmente estoy un poco cansado de escuchar lamentos sobre “lo mal que está la Educación”. No sólo llueven críticas desde los sectores más diversos (medios de “incomunicación”,organismos de Gobierno, representantes del “mundo del trabajo”, “expertos” en casi cualquier cosa y “opinólogos” en general) sino también desde l@s propi@s docentes (actores fundamentales del “hecho educativo”) que simplifican un problema (evidentemente) complejo con afirmaciones como “los estudiantes no estudian”,“a los estudiantes no les interesa nada” o “los estudiantes no comprenden las consignas”, por citar las menos ofensivas. Para l@s que olvidaron el verdadero sentido de la tarea docente, en la Educación “todo está mal”, porque esa tarea (trans)formadora y emancipadora se volvió una rutina de reproducción de prácticas embrutecedoras, de reproducción de desigualdades y de reproducción de“saberes indiscutidos”, conocimientos estancos, descontextualizados y carentes de significación o relevancia.

Algo parecido ocurría en la ciudad de Raísa, donde “la Vida no es feliz”. En su increíble libro, “Las ciudades invisibles” (título parafraseado en el nombre de esta propuesta Transmedia), Italo Calvino describe a Raísa diciendo que “En las calles la gente camina torciéndose las manos, regaña a los niños que lloran, se apoya en los parapetos del río con las sienes entre los puños, por la mañana despierta de un mal sueño y empieza otro. En los talleres donde a cada rato alguien se machaca los dedos con el martillo o se pincha con la aguja, o mira las torcidas columnas de números en los libros de los comerciantes y los banqueros, o tienen delante las filas de vasos sobre el zinc de las tabernas, menos mal que las cabezas gachas te ahorran miradas torvas. Dentro de las casas es peor, y no hace falta entrar para saberlo: en verano sale por las ventanas el estruendo de peleas y los platos rotos.”

Casi, casi, como lo que (lamentablemente) much@s opinan de “la Educación”: en las escuelas la gente camina torciéndose las manos, docentes regañan a estudiantes que “no cumplen”(y estudiantes –en silencio- regañan a docentes que “no motivan”). Cada mañana (y cada tarde) empieza otro tedioso mal sueño, sabiendo que al día siguiente será igual. Dentro de las aulas es (aún) peor y no hace falta entrar para saberlo: en verano (y en invierno) sale por las ventanas el estruendo de los momentos de “descontrol total” o el horrible silencio de los momentos de “control total”. Como en aquella viñeta del siempre lúcido Francesco Tonucci (en la que le preguntaban a un estudiante ¿qué había “visto” hoy en la escuela? y él respondía “la nuca de mi compañero de adelante”), menos mal que las cabezas gachas (y la nefasta disposición espacial de muchas “estructuras escolares”),te ahorran miradas torvas.

Sin embargo, cuenta Calvino, en Raísa “hay en todo momento un niño que desde una ventana ríe a un perro que ha saltado sobre un cobertizo para comer un poco de polenta que ha dejado caer un albañil que desde lo alto del andamio exclama: ‘¡Prenda mía, déjame probar!’ a una joven posadera que levanta bajo la pérgola un plato de guiso, contenta de servirlo al paragüero que festeja un buen negocio, una sombrilla de encaje blanco que ha comprado para pavonearse en las carreras una gran señora, enamorada de un oficial que le ha sonreído al saltar la última valla, feliz él pero más feliz todavía su caballo que volaba sobre los obstáculos viendo volar en el cielo a un francolín, pájaro feliz liberado de la jaula por un pintor feliz de haber pintado pluma por pluma, salpicado de rojo y de amarillo, en la miniatura de aquel libro en que el filósofo dice: ‘También en Raísa, ciudad triste, corre un hilo invisible que une por un instante un ser vivo a otro y se destruye, después vuelve a tenderse entre puntos en movimiento dibujando nuevas, rápidas figuras de modo que en cada segundo la ciudad infeliz contiene una ciudad feliz que ni siquiera sabe que existe.”

Afortunadamente, en “la Educación”ocurre algo parecido: hay en todo momento un chic@ que desde un banco ríe a un docente que ha preparado cuidadosamente su clase contemplando la individualidad de una estudiante que disfrutó aprender el tema en estudio viendo un interesante video casero que realizó un grupo de entusiastas estudiantes de otra escuela y lo subieron a un blog, motivad@s por una docente que se los propuso luego de hacer un curso virtual de (trans)formación docente, coordinado por una especialista en producción de contenidos multimedia, que lo diseñó junto con un docente preocupado por la construcción de la Otredad en la Educación, que se dio cuenta de que debía involucrarse en su propia (trans)formación y en la de sus colegas docentes, luego de leer (y quedar impactado por) aquel libro de Filosofía de la Educación que dice “También en‘la Educación’, hecho triste, corre un hilo invisible que une por un instante un ser vivo con Otro y se destruye, después vuelve a tenderse entre puntos en movimiento dibujando nuevas, rápidas figuras de modo que cada segundo ‘la Educación infeliz’ contiene una ‘Educación feliz’ que ni siquiera sabe que existe.”

lunes, 19 de junio de 2017

Educar es formar buenas personas. Entrevista a Agustina Frías *


En esta primera parte de este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestr@s estudiantes (cada vez) más autónomos; nos invitamos a releer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores, como forma de volver a “ponernos” en tema. Para l@s que no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para los que sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 29 de Noviembre de 2016:


En sus primeras reflexiones, Agus relativiza la “mera transmisión de conocimientos académicos” y pone el foco en la empatía, en el placer por participar del crecimiento personal de l@s estudiantes y en el recordar(se) en su rol (más o menos lejano)“del otro lado del pupitre”.

  • Agus, ¿Qué es para vos “ser docente”?
  • Es un concepto muy amplio: en mi opinión, no es sólo aquel que se enfoca en transmitirle los conocimientos académicos a los alumnos, y ya. Si su única meta es esa, para mí, ha fracasado. Es alguien que disfruta presenciando y participando en el crecimiento de sus alumnos, como personas, principalmente. Un ejemplo claro se ve en aquellos docentes que empatizan con sus estudiantes: los escuchan, observan, reaccionan si los ven tristes, angustiados. El mejor docente es aquel que recuerda que ha sido alumno, que también ha estado del otro lado del pupitre, que ha sentido, sufrido, reído y también estudiado. El que entiende el valor de los recuerdos que nos llevaremos del aula.

  • Si tuvieras que recomendarle a l@s docentes un libro, una canción o una película que considerás “relevante” para mejorar la práctica docente, ¿qué nos recomendarías y por qué?
  • El documental “la educación prohibida” me pareció muy interesante. También las películas “detrás de la pizarra” y “al frente de la clase” las cuales son realmente muy emotivas.

A la hora de pensar en las características que debería tener un buen docente para ser mejor facilitador de los aprendizajes de sus estudiantes, Agus reflexiona sobre la importancia de transmitir confianza (y no temor), de comprender al Otro, de habilitar (el espacio para) la pregunta y de valorar el esfuerzo, más allá de una nota.


  • ¿Qué características creés que debería tener un docente para ser mejor como facilitador de los aprendizajes de l@s estudiantes?
  • Un docente que transmite confianza y no temor, el que tiene empatía, es aquel que mejor enseña. Es la figura de autoridad, sí, pero no de miedo. Debe ser alguien formado, claramente. Que sepa de lo que habla, sí. Que sea comprensible, también. Pero que sea alguien a quien no se tema preguntar, confesar alguna inquietud, alguien que no te lleve a la desesperación. He visto y he vivido en carne propia la desesperanza de saber que reprobarías todo el año por 0,50, de saber que no habría forma de obtener algo más para aprobar, de llorar con sólo verlo entrar al salón, de sentir rencor y desdén al pasar de año. ¿Eso es lo que quiere transmitirles un docente a sus alumnos? ¿El miedo al error? ¿Cuál es el sentido de condenar a un alumno cuando trata aunque le cueste? Claro que desde nuestro lugar, el compromiso con la materia es fundamental para aprobar. No voy a negarlo. Pero si un alumno se esfuerza y no se le da la oportunidad, o se le reprocha el “no llegar” todo es inútil. No se valorará lo aprendido. Se recordará que fallaste.

  • ¿Podrías relatar un episodio significativo de tu experiencia como estudiante en relación a algún docente o a alguna práctica docente?
  • Lo que más puedo valorar, entre todas las experiencias vividas a lo largo de mis años de secundaria, es el haber podido contar con varios de mis docentes durante una etapa difícil de mi vida personal. Muchas veces me avergonzaba en el aula de mi situación, y muchas veces simplemente el docente daba su clase y ya. Pero hubo algunos que se acercaron a preguntar, a escuchar. Me sentí contenida muchas veces. Si bien no lo apreciaba en ese entonces, hoy en día lo valoro, y por sobre todo, valoro la segunda oportunidad. El no ser vista como “la chica con problemas”, sino como una faceta de la vida que se supera. Y lo siento de verdad. Eso es algo muy importante para mí, porque se fijaron en la persona, sin importar si su materia estaba aprobada con 10, con 6 o aplazada con 3. Era una persona con sentimientos, a la cual escucharon y contuvieron. Hoy en día, ellos son los que más aprecio, de otra manera. Eso es algo que voy a recordar siempre, y no sé cómo agradecer.

Cerrando la entrevista, Agus nos propone pensar la Educación como un ámbito (trans)formador de las personas y destaca la relevancia y la necesidad de una Educación Pública de calidad y para tod@s.

  • ¿Cuáles son y cuáles “deberían ser”, en tu opinión, los objetivos de la Educación?
  • Instruir personas, desde un aspecto más “básico” o “formal”. Analizándolo más profundamente, diría que es el formar buenas personas; fuertes, para proponer, debatir, luchar por lo que deseen. Decididas, para descubrir por sí mismas quiénes son, qué desean en la vida. Por sobre todo, buenas. Educar es formar buenas personas. Con valores que les permitan vivir en sociedad, con ojos escépticos que les permitan ver lo que esté mal y cambiarlo, no mirar para otro lado. Un pueblo educado es un pueblo fuerte. Uno de los peores males es la falta de educación. Personas manipulables, fácilmente engañadas. Quien conoce sus posibilidades puede elegir. Otorga el beneficio de la duda. Crea ambición. Ayuda a crear un “yo” una personalidad, una voz, una opinión, un voto. Es algo más allá de aulas, exámenes y promedios. Es saber dónde y cómo se vive. Es el poder para cambiarlo. La educación pública es, en mi opinión, una de las mejores cosas que puede tener un país, porque ve a todos igual. No importa la condición económica o el origen. No es limitante para crecer, conocer y mejorar. Creo que la educación es el mejor regalo que puede hacer un estado a su pueblo.

* Agustina Frias (@roja_artificial) es estudiante de la Escuela Técnico Profesional en Producción Agropecuaria y Agroalimentaria de la UBA. Se considera una persona insaciablemente curiosa. Disfruta de aprender y conocer cosas nuevas y de vivir experiencias y enriquecerse como individuo. No sabe qué le deparará el mañana. Cree que el mundo está lleno de posibilidades, y simplemente le gusta explorar. El día de mañana le gustaría ser más libre de lo que es hoy.