martes, 15 de agosto de 2017

Paciencia, entrega y empatía por el Otro. (Entrevista a Valeria Ascazuri Latigue)

Al igual que en los años anteriores, este año seguiremos con la publicación de entrevistas realizadas a docentes y a estudiantes, como insumos para la reflexión sobre nuestras prácticas y sobre los aprendizajes. Las respuestas de docentes y estudiantes, sujetos directamente involucrados en las prácticas sobre las cuales nos proponemos reflexionar en este Blog resultan fundamentales para profundizar el grado de análisis. Claro que podemos estar de acuerdo o no, claro que podemos disentir con determinadas apreciaciones y reconocer en las respuestas (y en las preguntas) posicionamientos pedagógicos e ideológicos compartidos o no pero de cualquier manera, los relatos en primera persona son siempre insumos de gran valor para construir y (re)pensar nuestros propios posicionamientos. En este caso es un placer publicar la entrevista que gentilmente respondió Valeria Ascazuri Latigue *.

En sus primeras reflexiones, Vale ubica al docente en un lugar de “entrega”, de una entrega desinteresada al “Otro” pero, a la vez, de enorme responsabilidad por lo que significa ser “ejemplo” en la construcción de subjetividades de esos “Otros”.

  • Vale, ¿Qué es para vos “ser docente”?
  • Para mi ser docente es entregarse. Entregarse a las necesidades de cada alumno y olvidarse un poco de las propias. Entregar todo lo que sé y soy capaz de hacer para ayudarlos a ellos a ser mejores alumnos/profesionales/personas, y demostrarles la importancia de valorarse a ellos mismos para lograrlo.

  • ¿Cuáles son tus objetivos/propósitos/expectativas de logros cuando comenzás una cursada?
  • Siempre trato de estar a la altura, no me tomo a la ligera mi trabajo, y si no puedo ayudar a un alumno con una duda no me divierte ni un poco, tengo que buscar la manera de poder cambiarlo. Mis propósitos involucran un buen manejo de las relaciones interpersonales con los alumnos y los demás docentes, para que se pueda dar el equilibrio necesario en donde los alumnos pueden participar (y crecer) lo más posible y los docentes tengamos una buena comunicación de respeto e igualdad. Creo que muchas veces los alumnos vemos (me incluyo) a los docentes como posibles ejemplos, y si yo voy a ser un ejemplo quiero que sea positivo; en un equipo docente que se maneja con respeto y donde todos pueden participar y presentar distintas ideas es un ejemplo para los alumnos de cómo comunicarse con sus pares de una manera profesional y educada, y también favorece a la tolerancia y comprensión de las diferencias individuales (algo que últimamente escasea bastante en nuestra sociedad). Mis expectativas son siempre altas porque me baso en la confianza, hacia mis compañeros docentes y hacia los estudiantes, creo que todos tienen la capacidad de lograr sus objetivos, y que eso no depende de nosotros sino de ellos mismos.

A la hora de pensar en las características que deberíamos tener l@s docentes, Vale rescata la paciencia y la capacidad de escuchar a l@s estudiantes y de interpretar sus necesidades y sus demandas.

  • ¿Qué características creés que debería tener un docente para ser mejor como facilitador de los aprendizajes de l@s estudiantes?
  • Creo que un docente debe ser paciente, no todos los estudiantes tienen los mismos tiempos y eso no quiere decir que unos sean más o menos capaces que otros. Debe ser proactivo y fluctuante, hay que tener iniciativa, capacidad de cambio, a veces las cosas no salen como uno espera y es cuestión de encontrar el punto de falla para poder modificarlo. Todos los grupos de estudiantes son diferentes, tienen diferentes gustos y es cuestión de conocerlos un poco para saber de qué manera facilitar su aprendizaje, manteniéndolos interesados por los nuevos contenidos. La pedagogía es un punto, para mí, fundamental. Siempre hay muchas formas de decir una misma cosa, pero es importante saber con qué “clase” de personas trabajamos para no perder el respeto, mantener la profesionalidad y un ambiente agradable para el intercambio.

Cerrando la entrevista, Vale reflexiona sobre la importancia del juego y de las actividades lúdicas como una manera de generar espacios dónde l@s estudiantes, además de aprender, se diviertan o, mejor dicho, se diviertan aprendiendo y valoren la potencia del trabajo en equipo.

  • Si tuvieras que hacer una propuesta de cambio concreto que pudiera aumentar el compromiso, la motivación y la participación tuya y de tus compañer@s, ¿qué propondrías y por qué?
  • Propondría que los alumnos preparen temas para exponer, con el compromiso de que si ellos no dan esa explicación sus compañeros se quedan sin introductorio teórico. De esta forma los alumnos están “obligados” a leer (por un tema moral más que nada, por compañerismo) y practican también la expresión oral, que en otras condiciones no se aplica mucho y después en los finales tienen dificultad. Las actividades lúdicas en una cursada me parece que cambian mucho el ambiente de la clase, los alumnos se relajan y lo más importante se DIVIERTEN, y se divierten aprendiendo. Hay que demostrar que no necesariamente estudiar tiene que ser aburrido. Cambiar la estructura del aula  también puede ayudar a motivar a los alumnos. Llegar a un aula y encontrar todos los bancos fuera de lugar, muchos afiches, juegos y cosas que no saben qué son o para qué, los intriga, y empiezan la clase de otra manera.

  • ¿Cuáles son y cuáles “deberían ser”, en tu opinión, los objetivos de la Educación?
  • Formar estudiantes independientes, proactivos y creativos, capaces de crecer personal y profesionalmente buscando la manera de mejorar su formación aunque nadie se los pida, recordando siempre la importancia de trabajar en equipo, y que sepan reconocer que no pueden saber TODO por eso es necesario el respeto y la humildad, para saber decir “hasta acá llego yo, necesito que alguien me ayude a solucionar esto” y poder apoyarse en sus pares.

* Valeria Ascazuri Latigue (@valeascazuri) es estudiante de veterinaria. Se desempeña como docente de Química Biológica en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA y como asistente de veterinaria en Citivet (establecimiento privado en CABA). Participó en trabajos de voluntariado, tanto de atención veterinaria (Barrio “Los Piletones”-Lugano- y barrio “Independencia” -La Matanza-) como de apoyo escolar en barrios vulnerables de GBA norte y provincia de Formosa (Laguna Nainek). Formó parte del equipo docente del nivel inicial del Colegio San Gabriel, ejerciendo como profesora de inglés en salas de 3 y 4 años.


martes, 8 de agosto de 2017

¿Una escuela que no es escuela? Transformando la experiencia escolar.



         El Miércoles 2 de Agosto se llevo a cabo, en el marco del Programa “Universidad de Buenos Aires para el siglo XXI” la conferencia magistral “¿Una escuela que no es escuela? Transformando la experiencia escolar”, a cargo de la Dra. Lila Pinto, en el aula CITEP.

         Luego de la presentación a cargo de la Secretaria de Asuntos Académicos de la UBA, la Dra. Catalina Nosiglia, y ya en el inicio de la charla (ante un auditorio repleto y muy interesado en la presentación) la Dra. Lila Pinto aclaró que si bien el título de la charla podía parecer provocador (y de hecho lo era) e incluso “confundir” el sentido de la presentación, ella quería “declararse” como “ferviente y apasionada convencida de que las escuelas son importantes”, aunque rápidamente (y antes de que vari@s salieran corriendo) que “estamos ante un momento histórico que nos demanda pensarla distinto”.

         Antes de compartir el caso de la escuela que dirige en México, Lila nos empezó a hacer pensar alrededor de algunas preguntas disparadoras:

¿Qué escuela resulta hoy emocional e intelectualmente convocante para docentes y alumnos? ¿Qué escuela somos capaces de imaginar en este tiempo histórico? ¿Cómo podemos orientar nuestros esfuerzos de cambio y mejora hacia nuevas experiencias escolares que conmuevan, convoquen e interpelen genuinamente el ser y el saber en el siglo XXI?

         A la hora de hacer una reflexión sobre “los profesionales del futuro”, Lila Pinto nos recordó el texto “Pulgarcita”, de Michel Serres, y nos mostró el video de un “focus group” de estudiantes de sexto grado respondiendo sobre cómo se imaginaban en el futuro. Cuando nos planteó la necesidad de ofrecerles a l@s docentes tiempos para planificar y repensar su tarea colaborativamente aclaró, de manera enfática, que “hay que ayudarl@s generando dispositivos de intervención relevantes” que contemplen que “las biografías escolares atraviesan la manera en que pensamos lo que hacemos en la Escuela”.

         La parte central de la presentación de la Dra. Pinto (que seguramente encuentren en breve para ver en el site del programa) giró alrededor de la propuesta de “cambiar una pregunta”: la propuesta de dejar de pensar “¿qué hacemos con la tecnología en la escuela?” y empezar a reflexionar sobre “¿qué hacemos con la escuela en una nueva era tecnológica?”. Mientras Lila nos contaba de las cinco dimensiones sobre las que decidieron trabajar la innovación en su Escuela (currículo, espacios, tiempos, evaluación y vínculos), y al igual que durante toda la charla, Cintia Guerrero realizaba una práctica de “facilitación gráfica” que culminó con esta verdadera obra de arte:


        
Finalmente, la Dra. Pinto contó acerca de cómo la reflexión sobre estas cinco dimensiones dieron lugar a cuatro dispositivos: el “Media Lab” (una especie de refundación de la biblioteca escolar), el “Maker Space” (en línea con el movimiento que pretende que l@s usuari@s se apropien de la tecnología y no sólo la consuman), el “Arquitecturas” (basado en la pregunta “¿qué está diciendo nuestro espacio escolar sobre todo lo que queremos hacer?”), y el “e-tolos”.

Antes de terminar la interesante, provocadora y motivadora conferencia, Lila nos dejó una reflexión con la que acordamos fuertemente y que queremos compartir con l@s lectores del #AsiFuimosAprendiendo, a modo de cierre de esta reseña:

“Construir una escuela intelectualmente desafiante y emocionalmente convocante es una escuela que despierta el deseo de enseñar y aprender!”

martes, 1 de agosto de 2017

Pedagogía de la asistencia.

Antes de empezar esta entrada estaría bueno aclarar que la palabra “asistencia” no está usada aquí en su sentido relativo al “asistencialismo” (ya se han escrito interesantes y controversiales producciones en relación a esa clase de pedagogía “asistencialista”) sino en un sentido al menos algo confuso, que el sistema educativo (y, sobre todo, el sistema de Educación Superior) usa para hablar de una especie de “presencia verificada”. Si bien profundizaremos esta idea a lo largo de la entrada (ya que, tal vez, ese sea el objetivo de la misma), queríamos hacer esta aclaración para no confundir estas “asistencias”.

Es evidente que el título de esta entrada se propone parafrasear, como ya lo han hecho otros, los nombres de esas obras maestras del genial Paulo Freire: “pedagogía del oprimido”, “pedagogía de la autonomía” y “pedagogía de la esperanza”, entre otras. Pero esta idea de una “pedagogía de la asistencia” pretende describir (y tal vez, intentar denunciar) un cierto tipo de prácticas docentes (aceptadas en la Educación en general y muy difundidas en la Educación superior) que podría oponerse a una “pedagogía de la presencia”, no en el sentido que la desarrolló Antonio Gomez Da Costa sino en un sentido más básico y, quizás, más filosófico.

Pero vamos, por fin, a desarrollar la idea sobre la que hasta acá hemos estado dando vueltas. Vamos a lanzar la bomba, de una y sin anestesia: gran parte de la pedagogía universitaria actual se basa, tal vez sin saberlo, en la toma de asistencia. Sí, a esa “asistencia” nos estamos refiriendo. A la “asistencia” que se verifica cuando se “toma lista”. Tod@s hemos participado de ese momento en el que un docente va recitando, en prolijo orden alfabético, los apellidos de l@s estudiantes que deberían estar en un aula y est@s responden cosas como “presente”, “sí” o “acá”, entre otras. En algunos (pocos) casos no hace falta llegar a este ritual, ya sea porque l@s docentes conocen a l@s estudiantes (y pueden “pasar lista” mentalmente), porque circula una lista en donde “anotarse” (y por qué no, anotar a algún compañero que no pudo venir) o porque la clase implica la entrega de algún texto o actividad que ya tiene los apellidos de quienes estuvieron allí. Lo que es cierto es que se “toma lista” para verificar una “presencia” obligatoria que es necesaria (tanto o más que aprender algo) para regularizar o aprobar una materia. En la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA hasta tenemos la condición de “asistencia cumplida” para quienes no aprobaron los parciales pero “cumplieron” con esta importantísima cuestión: la asistencia!

Más allá de lo ridícula que nos parece la toma de asistencia y la obligatoriedad de asistir a las clases en la enorme mayoría de los casos (con algunas excepciones que no podemos dejar de mencionar y a las que les dedicaremos el próximo párrafo), la preocupación que intenta compartir esta entrada es el efecto (silencioso y oculto pero efectivo) que tiene la toma de asistencia en las decisiones pedagógicas que toman l@s docentes (una “pedagogía de la asistencia”), casi como si esas decisiones y principios filosóficos y pedagógicos no fueran la causa de la necesidad de “tomar lista” sino al revés: la toma de lista (y la obligatoriedad de una “presencia verificada”) no sólo revela esos principios sino que los refuerza en las mentes de l@s docentes convenciéndolos cada clase de los mismos principios embrutecedores que dieron origen a tal necesidad.

Antes de profundizar un poco en esta idea y de dejar algunas preguntas para seguir reflexionando, rescatemos (como anticipamos en el párrafo anterior) las pocas situaciones en las que entendemos la “necesidad” de que l@s estudiantes asistan a las clases (o a algunos “momentos” de algunas clases), aunque ni siquiera en estos casos consideramos la obligatoriedad o la “toma de lista” como una opción válida para “convencer” a nadie de que estaría bueno que esté ahí. Existen, al menos, dos tipos de situaciones en las que esto podría ser así. La primera tiene que ver con clases (o “momentos” de clases) que son (todavía) imposibles de presenciar/vivenciar fuera de la misma y que no pueden reemplazarse ni con la lectura de un libro, ni con una práctica extracurricular, ni con la visualización de un video, ni con la realización de alguna simulación virtual y que, por algún motivo, es importante que l@s estudiantes tengan esa vivencia. Ejemplos de estas situaciones serían experiencias que requieran la utilización de los sentidos o prácticas específicas como la realización de una necropsia a un animal con determinada patología, el análisis de las características de un suelo o la utilización de un equipo muy sofisticado que sólo esté disponible en la unidad académica. El segundo tipo de situaciones es más feliz y esperanzador: se trata de esos pocos honrosos ejemplos en los que la clase es un lugar/momento en el que pasan cosas, en el que se construyen vínculos, en el que se viven experiencias (trans)formadoras, en el que ocurren acontecimientos (únicos), en el que algo pasa (como dice Mariana Maggio) en el “en vivo” de la clase y no podría “verse” (ni vivirse de la misma manera) en otro momento (“on demand”) como la final de un campeonato mundial de fútbol o el esperado episodio final de Sense 8. Conocemos pocos pero valiosos ejemplos (como las clases de Física de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA o las clases de Fundamentos de Tecnología Educativa en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA) de clases/momentos/espacios/lugares en los que suena, al menos deseable, que l@s estudiantes (de hecho) estén ahí! Clases que están armadas, planificadas, estructuradas de tal manera que no da igual si l@s estudiantes están allí o no, clases que se constituyen en experiencias de las cuáles sus participantes (docentes y estudiantes) no salen iguales a cómo eran antes, salen transformad@s. En estas clases tampoco consideramos la obligatoriedad ni la toma de lista como formas de convencer a l@s estudiantes de que “estén” allí (además, sabemos perfectamente que l@s estudiantes no quieren perderse ninguna de “esas” clases y lamentan profundamente cuando por algún motivo –siempre entendible- tiene  que faltar a una) pero entendemos el “deseo” de l@s docentes de contar con la “presencia” (real) de sus estudiantes. Tal vez estaría bueno escribir una entada sobre esas (otras) clases (a las que no queremos llamar “alternativas” para no legitimar a las “convencionales”) pero eso quedará para otro momento.

Volvamos ahora a esta pedagogía que lejos de ser una “pedagogía de la presencia” se convierte en una “pedagogía de la asistencia” que toma lista porque quiere que l@s estudiantes estén ahí haciendo lo que se espera que hagan: (casi) nada. Lo que se valora (incluso en las condiciones de regularidad y/o aprobación) es que “den el presente”, no que “estén presentes”.

Esta pedagogía toma asistencia porque supone que para l@s estudiantes es absolutamente necesario (al punto tal de hacerlo obligatorio) escuchar a l@s docentes hablar, “atender” (en, al menos, dos de sus posibles acepciones) a esas exposiciones monológicas (más o menos “dialogadas” gracias a las, inlcuso más inútiles aún, preguntas retóricas) en las que l@s docentes les dicen a l@s estudiantes lo que deben saber, lo que deben aprender, lo que deben estudiar y (obviamente) lo que deben poner en las respuestas a las preguntas de las evaluaciones en las que se va a “evaluar” justamente cuánto de todo eso que l@s docentes dijeron, l@s estudiantes recuerdan en un día puntual, a una hora puntual, en un momento llamado “examen”.

Es nefasto. Y triste.

La naturalización de la toma de asistencia en ese (popularizado y embrutecedor) tipo de clase no hace más que reforzar (en l@s docentes y en l@s estudiantes) los presupuestos que subyacen a estas prácticas cuyos dispositivos debemos intentar desarmar.


¿Por qué l@s estudiantes tienen que ir a esas (inútiles) clases? ¿Qué pasaría si no fueran? ¿Por qué l@s estudiantes no podrían leer de un libro eso que están “recitando” (con mayor o menor grado de elocuencia y capacidad de oratoria) l@s docentes? ¿Qué intentan l@s docentes “decirles” a l@s estudiantes al hacer obligatoria la “asistencia” a clase pero no su “presencia” (real) allí? ¿Qué entienden l@s estudiantes de esa obligatoriedad, más allá de lamentarla y tratar de burlarla con toda clase de (entendibles) artilugios? ¿Qué tipo de egos de l@s docentes se alimentan con esta obligada “presencia” de l@s estudiantes que se evade (más que justificadamente) en los chat de sus teléfonos celulares? ¿Qué tipo de concepción del aprendizaje (del conocimiento y del rol docente) tiene alguien que cree que para aprender o aprobar una materia hay que, necesariamente, asistir (sí, sólo asistir) a un determinado porcentaje de las clases? ¿Qué sentipiensa sobre su propia tarea un docente que cree (tal vez con las mejores intenciones) que para aprender y aprobar “su” materia l@s estudiantes deben (al punto tal de ponérselos como condición de antemano) “atender” a sus explicaciones? ¿De qué están tratando de convencer es@s docentes (como decía Bourdieu “mistificadores mistificados”) a sus estudiantes al imponerles esta obligada asistencia? ¿De qué se están convenciendose ell@s mism@s cada vez que “toman lista”, verifican y registran la asistencia de sus estudiantes? 

martes, 25 de julio de 2017

¿Cómo aprende Valu? Dedicación e interés para aprender con libertad.

Desde 2014 el Blog viene publicando textos que reflexionen sobre “cómo aprendemos”. Como dijimos en varias entradas anteriores pareciera ser que much@s docentes creemos (con las mejores intenciones) que debemos ser facilitadores de los aprendizajes y obramos o creemos que obramos (en consecuencia) con el objetivo de que nuestr@s estudiantes aprendan.

Sin embargo, no tenemos muy en claro “cómo se aprende”, qué hacen nuestr@s estudiantes para aprender, cómo hacen nuestr@s estudiantes para aprender los contenidos (disciplinares, actitudinales y de procedimientos) de nuestras materias.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo aprendemos o cómo aprenden l@s estudiantes, con el objetivo de ser mejores facilitadores de esos aprendizajes (cada vez más significativos) en nuestr@as estudiantes, cada vez más autónomos. En este caso la reflexión es a partir del relato que gentilmente escribió Valentina Marinelli *.


Cuando Valu reflexiona sobre cómo aprende contenidos escolares diferencia entre contenidos “más teóricos” y “de números y ejercicios” y nos cuenta que “los contenidos académicos más teóricos los aprendo yendo a las clases, viendo a que se le da más importancia de cada tema, tomando apuntes y grabando las clases. En mi casa más tranquila transcribo todo a la computadora y completo toda la información con libros, siempre rescatando de éstos lo que vimos en clase, de esta manera tengo mi resumen para estudiar. Cuando son contenidos de números y ejercicios, que me suele costar más, me sirve comenzar escuchando y viendo por pasos como se resuelven los ejercicios y después intentarlos por mi cuenta hasta que me salgan, lo cual me lleva mucho tiempo y estrés pero a la larga es la única forma de poder enfrentarse a la evaluación y poder hacerlos uno mismo”. Valu destaca el rol que juegan la variedad de maneras de vincularse con esos contenidos que están siendo aprendidos, como la lectura, la expresión oral, los dibujos o la escritura: “Una vez que tengo el resumen para estudiar, lo leo, lo hablo, lo dibujo, suelo hacerme muchos ‘ayuda-memoria’ y busco entenderlo escribiendo en hojas borradores que parecen mamarrachos, algo que generalmente cuando la gente ve que hago no lo entiende, pero para mí es fundamental no leer en el aire.”

En las palabras anteriores se advierte el valor que tienen para Valu las clases, los libros y el trabajo que ella misma hace cuando los vincula, leyendo y releyendo el libro pero con la clase como guía para jerarquizar los contenidos. ¿Cuántas de nuestras propuestas didácticas o de las actividades que (habitualmente) les proponemos a nuestr@s estudiantes involucran la utilización de éstas u otras herramientas facilitadoras de los aprendizajes?

Cuando piensa en aprendizajes no académicos ni escolares, Valu le otorga un valor central a la práctica y al hecho de que no haya presiones, aunque curiosamente, y valga la redundancia, menciona a la curiosidad como una guía para estos aprendizajes: “dentro de lo no académico como los deportes por ejemplo, suelo aprenderlos más a prueba y error. De chica hice gimnasia acrobática, donde sacar un ejercicio nuevo tenía dos opciones, o te salía bien, o te lastimabas en el intento, pero tras la práctica lo lograbas, y a partir de ahí todo era disfrute. Iba todos los días a entrenar siendo consciente de esto y al ser tan chica siempre creí que las cosas se aprendían así, que hay que perseverar y seguir intentando a pesar de los ‘golpes’ (que en este caso no eran solo una metáfora, jajaja). Después dejé por una cuestión de tiempos y arranqué hockey, y ahí lo mismo, es una cuestión de práctica y de todos los días probar alternativas nuevas para que un gesto técnico te salga mejor. Para aprender cosas no académicas me guio más por la curiosidad. Además al no haber límites, instancias ni tiempos a cumplir no hay tanta presión. Uno se puede equivocar en el intento miles de veces y eso no trae más consecuencias que el aprendizaje puro”.

A la hora de pensar, de manera comparativa, los aprendizajes “académicos” y “no académicos”, Valu realiza una reflexión que pone en jaque a la Educación actual y al sistema educativo tradicional (y obsoleto) al enumerar varias de las características de “esta Educación” que atentan directamente contra la posibilidad de aprender y de disfrutar ese aprendizaje: “ambos tipos de aprendizaje requieren dedicación e interés, nada viene solo y uno tiene que poner lo mejor de sí para lograr su objetivo, pero lo que sí noto que es distinto es la libertad a la hora de aprender. Cuando uno aprende algo académico, es dentro de los límites que se les marca; ‘esto entra al parcial pero esto no’, es con plazos, se acerca la fecha de examen y hay que forzar que aprendamos todo para un día especifico, es con notas, que pocas veces reflejan lo que uno sabe, me ha pasado varias veces de sentir que sabía más de lo que el número que ‘me saqué’ y otras veces que sabía menos y ese número era exagerado. En cambio cuando uno tiene la libertad de probar distintas cosas sabiendo que no hay una calificación sobre eso, que no tiene que llegar necesariamente a una fecha con el conocimiento al 100% porque si no ‘te atrasas un año’, que no hay límites estrictos, no hay presiones y esto lo hace más grato”.

Finalmente, Valu nos deja una reflexión interesante que nos recuerda la relevancia del docente pero no de un docente que “explica y evalúa” sino de un docente que motiva, que genera interés, que transmite pasión y que brinda la libertad para pensar, para preguntar, para equivocarse y para aprender más allá de los límites de un (siempre caprichoso) programa académico: “escribir todo esto me hizo pensar que el sistema educativo quizás no es el ideal, entiendo que es muy difícil plantear un modelo eficiente y que no se puede igualar a la forma de aprender cosas no académicas, pero sí tuve experiencias en las que se puede hacer más llevadero, y que no todo sea obligación y tiempos, y ahí entra el papel del docente, el cual tiene en sus manos el poder de motivar, y hacer que no veamos el aprendizaje como algo estructurado, que podamos encontrar pasión en eso y que al igual que en lo no académico, podamos sentirnos libres de cometer errores, de preguntar e indagar, que uno pueda ser curioso y no tenga límites. Es increíble como el interés, e incluso qué tanto se aprende una materia, depende no solo del alumno sino del docente, porque una mala predisposición del docente se trasmite al alumno, el cual se predispone mal hacia la materia, cuando quizás en otras condiciones podía terminar apasionándose y aprendiendo mucho de ella”.


* Valentina Marinelli (@valumarinelli) es estudiante de Veterinaria en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA. Cursó sus estudios secundarios en la Escuela de Nivel Medio en Producción Agropecuaria y Agroalimentaria (UBA), hace hockey en el Club Arquitectura y es fanática de los deportes y de los animales. Le encanta disfrutar de domingos de familia, novio y los infaltables apuntes. Futuros títulos: Veterinaria

martes, 18 de julio de 2017

¿Cómo aprende Yael? Repetición y maneras (diferentes) de vincularse con Otros para aprender.

Desde 2014 el Blog viene publicando textos que reflexionen sobre “cómo aprendemos”. Como dijimos en varias entradas anteriores pareciera ser que much@s docentes creemos (con las mejores intenciones) que debemos ser facilitadores de los aprendizajes y obramos o creemos que obramos (en consecuencia) con el objetivo de que nuestr@s estudiantes aprendan.

Sin embargo, no tenemos muy en claro “cómo se aprende”, qué hacen nuestr@s estudiantes para aprender, cómo hacen nuestr@s estudiantes para aprender los contenidos (disciplinares, actitudinales y de procedimientos) de nuestras materias.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo aprendemos o cómo aprenden l@s estudiantes, con el objetivo de ser mejores facilitadores de esos aprendizajes (cada vez más significativos) en nuestr@as estudiantes, cada vez más autónomos. En este caso la reflexión es a partir del relato que gentilmente escribió Yael Candel *.


Cuando Yael reflexiona sobre cómo aprende contenidos escolares o académicos nos cuenta que “lo que hacía y hago básicamente es leer a consciencia y con mucha concentración la bibliografía correspondiente y, a su vez, me fijo en lo visto en clase y tomo aquello como los puntos más importantes en los cuales me tengo que focalizar para, de esta manera, armarme un resumen desarrollando más estos temas con la bibliografía. Luego, leo varias veces los resúmenes hasta fijar las ideas y conceptos. Yael rescata el valor que tiene expresar oralmente lo que se está aprendiendo (ese “contárselo a alguien”) independientemente de que la evaluación sea oral o escrita y agrega: “Me sirve mucho contarle a alguna persona oralmente lo que sé, sea el examen escrito u oral, como una manera de seguir fijando conocimientos y también para saber yo misma cuánto sé. Me cuesta un poco estudiar en grupo con otros compañeros porque cada uno tiene distintos tiempos de estudio y distintas obligaciones y horarios, pero las veces que lo hice me sirvió mucho”.

En las palabras anteriores se advierte el valor que tienen para Yael las exposiciones orales y los procesos cognitivos que se ponen en juego cuando intentamos “contar” a otr@s los que están siendo aprendidos. ¿Cuántas de nuestras propuestas didácticas o de las actividades que (habitualmente) les proponemos a nuestr@s estudiantes involucran la utilización de éstas u otras herramientas facilitadoras de los aprendizajes? Y ya que estamos en “tono preguntón”, ¿Se dieron cuenta que en su relato en ningún momento habla de l@s docentes (ni de las prácticas de enseñanza) cuando cuenta “cómo aprende”?

A la hora de pensar en otros tipos de aprendizajes, Yael considera central “la repetición” y ahora sí aparece la figura de un “Otro” que sirve como guía o como referencia: “para aprender algo no escolar ni académico creo que lo más importante para mí es la repetición, la imitación y la corrección. La primera vez que me dicen cómo usar tal programa o tal objeto, claramente no lo aprendo y tengo que estar preguntando todo el tiempo sobre distintos aspectos de su uso a la persona que me está enseñando. La segunda vez también y así varias veces hasta que la repetición sucesiva de la actividad hace que la aprenda y lo pueda hacer yo sola sin la ayuda de otras personas. En este proceso de aprendizaje también me es útil ver cómo las otras personas hacen aquello que estoy aprendiendo, como para tener a esa persona de referencia, y también está bueno que me corrijan si estoy haciendo algo mal”.

A la hora de pensar, de manera comparativa, los aprendizajes “académicos” y “no académicos”, Yael vuelve sobre las mismas dos cuestiones: la repetición y el rol que juegan “los otr@s”. Es interesante leer sus reflexiones ya que si bien en el tema de la repetición encuentra más similitudes que diferencias, en al analizar la participación del Otro (¿el docente?) encuentra más diferencias que similitudes: “comparando los dos tipos de aprendizaje puedo ver que la repetición es un aspecto que se repite en ambos; en los aprendizajes académicos aparece cuando me refiero a leer varias veces los resúmenes hasta fijar los conocimientos y en los no académicos, cuando me refiero a repetir una y otra vez la actividad hasta finalmente incorporarla por completo. En cuanto a la intervención del otro, en los no académicos se ve claramente que es otra persona la que me enseña a usar el determinado elemento o a hacer determinada actividad, pero en los aprendizajes académicos el aprendizaje es exclusiva responsabilidad mía y el otro está presente como una especie de ayuda para que yo pueda evaluar cuánto sé, aunque al estudiar con otros compañeros o al consultarles alguna duda uno también está aprendiendo pero siempre con mayor independencia”.

Finalmente, Yael nos deja su propia concepción de esta palabra, esta idea, este concepto que tanto nos cuesta entender pero que tanto queremos facilitar y analiza el valor que tiene reflexionar sobre cómo aprendemos: “al pensar sobre estas cuestiones de cómo aprendemos, uno se pone a pensar cosas que quizás nunca antes se había cuestionado. La forma que yo tengo para estudiar está ya incorporada en mí y cuesta a veces ponerme a pensar en si me sirve lo que estoy haciendo o si hay otras opciones que puedo tomar y que me servirían mucho más. Pero creo que es beneficioso evaluar estas cosas en algún momento, ya que uno quizás arrastra costumbres que tiene de hace años, de cuando estaba en la escuela, pero a medida que uno crece y las responsabilidades académicas se van complejizando quizás es bueno cambiar ciertos métodos de aprendizaje.

* Yael Candel (Facebook.com/yael.candel) es estudiante de Veterinaria en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires. Es periodista y tía. Ama a sus amigos y a su familia, y le encanta bailar y viajar. Sueña con ser mamá y veterinaria.


martes, 11 de julio de 2017

Sujetos que producen conocimiento y se (trans)forman (juntos) para cambiar el mundo. (Entrevista a Inés Santini)

Al igual que en los años anteriores, este año seguiremos con la publicación de entrevistas realizadas a docentes y a estudiantes, como insumos para la reflexión sobre nuestras prácticas y sobre los aprendizajes. Las respuestas de docentes y estudiantes, sujetos directamente involucrados en las prácticas sobre las cuales nos proponemos reflexionar en este Blog resultan fundamentales para profundizar el grado de análisis. Claro que podemos estar de acuerdo o no, claro que podemos disentir con determinadas apreciaciones y reconocer en las respuestas (y en las preguntas) posicionamientos pedagógicos e ideológicos compartidos o no pero de cualquier manera, los relatos en primera persona son siempre insumos de gran valor para construir y (re)pensar nuestros propios posicionamientos. En este caso es un placer publicar la entrevista que gentilmente respondió Inés Santini *.

En sus primeras reflexiones, Ine nos invitar a invertir la lógica de la Educación como “transmisión de información” por una “formación para generar información”, poniendo al estudiante en el lugar de productor de conocimiento (leyendo, investigando, indagando, construyendo) y al docente en el lugar de quien motiva y acompaña en esa transformación. 

  • Ine, ¿Qué es para vos “ser docente”?
  • Para mí, un docente es aquella persona que se preocupa por el aprendizaje de sus alumnos acompañándolos en cada momento. Tiene como objetivo principal lograr que los estudiantes se interesen por los contenidos y terminen el año con nuevos conocimientos. Los verdaderos docentes cumplen su tarea cuando logran que el alumno continúe investigando la materia, abriendo su interés por aprender más allá de los contenidos propuestos, especialmente cuando posibilita relacionarlos con otras áreas. Es decir, la docencia no es tanto una transmisión de información, sino una formación para crear una mayor información.

  • ¿Qué características creés que debería tener un docente para ser mejor como facilitador de los aprendizajes de l@s estudiantes?
  • Un docente tiene que tener una formación teórica adecuada en el conocimiento de su área, pero también preparación en pedagogía. Es la combinación en ambas áreas lo que perfecciona su trabajo. Al mismo tiempo considero que es indispensable que tenga buena empatía, porque solo así podrá tener, además de la base de lo que transmite, una llegada adecuada a cada miembro de su alumnado.

A la hora de relatar episodios que hayan sido significativos en su trayectoria educativa, Inés elige dos (uno de Bioquímica y uno de Lengua y Literatura) en lo que se aprecia un elemento en común: se trata de propuestas docentes que invitan a la reflexión, a la escritura (reflexiva) y a la (trans)formación personal más allá de los contenidos de la materia.

  • ¿Podrías relatar un episodio significativo de tu experiencia como estudiante en relación a algún docente o a alguna práctica docente?
  • En la primera clase de Bioquímica del año pasado, el profesor nos hizo escribir en un papel aquello que nosotros creíamos que los demás piensan de nosotros. Luego nos invitó a tirarlo al cesto de residuos que había puesto en el centro del aula. Quedó muy claro cuál era el lugar en donde teníamos que poner la opinión de los demás acerca de nosotros. La actividad me resultó útil en efectos prácticos porque a mí me ayudó a replantearme mis relaciones con distintos grupos a los que pertenecí en el colegio. Es decir, me ayudo para crecer. En el mismo sentido, hubo una actividad interesante con la profesora de Lengua y Literatura de cuarto, que nos hizo escribir una carta a nosotros mismos para ser abierta dos años después cuando estemos egresando. Teníamos que poner como nos veíamos a nosotros mismos y al grupo, y como nos veríamos dos años después. Creo que leer esa carta va a ser muy interesante cuando llegue el momento.

Cerrando la entrevista, Ine vuelve a dejar en claro la importancia que tiene la Educación en la construcción de las sociedades y la dicotómica (y paradójica) posibilidad que tiene la #Educación de ser un elemento de sostenimiento del status quo y de reproducción de las desigualdades o de ser un factor de cambio, de (trans)formación y de emancipación individual y colectiva.

  • Si tuvieras que recomendarle a l@s docentes un libro, una canción o una película que considerás “relevante” para mejorar la práctica docente, ¿qué libro, canción o película nos recomendarías y por qué?
  • En cuanto a las películas, recomendaría: La sociedad de los poetas muertos porque representa la tensión de una actitud pedagógica que aprecia la libertad en un sistema de reglas cerradas que invaden hasta lo más privado de las personas; The Wall de Alan Parker que es elocuente en cuanto a mostrar la educación como formadora de sujetos sociales necesarios (la máquina de picar carne); El viaje de Chihiro porque muestra cómo la fantasía de un niño es una herramienta que permite penetrar en lugares que los adultos tienen ocultos; y también La tumba de las luciérnagas, ya que es el alegato más conmovedor acerca del sufrimiento de la niñez en la guerra. Recomiendo como temas musicales El país de la libertad cantado por León Gieco, que es como sueño yo la Argentina y Tribulaciones, lamentos y ocaso de Sui Generis que habla sobre la resistencia. No dejaría de citar las opiniones de Carlos Skliar sobre la educación pública.

  • ¿Cuáles son y cuáles “deberían ser”, en tu opinión, los objetivos de la Educación?
  • Para mí la educación siempre tiene una meta formadora de personas, la cuestión es qué se quiere formar, si individuos dóciles para que constituyan un sistema social no elegido, o si se los forma para ser libres, creativos y desarrollar un mundo mejor. Estos últimos deberían ser sus objetivos principales, pero no es algo que se dé sistemáticamente, aunque sí hay docentes que lo promueven. En este sentido se refleja de lo que hablamos de la película La sociedad de los poetas muertos y The Wall.

* Inés Santini (@ine_santini) es estudiante de quinto año de la Escuela Técnico Profesional de Nivel Medio en Producción Agropecuaria y Agroalimentaria de la UBA. Cursó el nivel inicial y escuela primaria en la Escuela 7 D.E. 12 “Jorge Newbery”. Futura estudiante de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA. Amante empedernida de los animales, de la música, de la política e interesada en la problemática social. Asiste a clases de dibujo y le encanta dibujar retratos.


martes, 4 de julio de 2017

Mirar a los ojos y estimular un (solidario) deseo de aprender. (Entrevista a Sofía Zibecchi)

Al igual que en los años anteriores, este año seguiremos con la publicación de entrevistas realizadas a docentes y a estudiantes, como insumos para la reflexión sobre nuestras prácticas y sobre los aprendizajes. Las respuestas de docentes y estudiantes, sujetos directamente involucrados en las prácticas sobre las cuales nos proponemos reflexionar en este Blog resultan fundamentales para profundizar el grado de análisis. Claro que podemos estar de acuerdo o no, claro que podemos disentir con determinadas apreciaciones y reconocer en las respuestas (y en las preguntas) posicionamientos pedagógicos e ideológicos compartidos o no pero de cualquier manera, los relatos en primera persona son siempre insumos de gran valor para construir y (re)pensar nuestros propios posicionamientos. En este caso es un placer publicar la entrevista que gentilmente respondió Sofía Zibecchi *.

En sus primeras reflexiones, Sofi nos recuerda que el rol del docente lejos de ser el tradicionalmente aceptado “rol del enseñar” y algo más cerca de ser el “rol de acompañar en los aprendizajes”, parece tener más que ver con el de conmover (enternecer, provocar emociones, perturbar, inquietar, estremecer, hacer temblar, mover fuertemente) y (trans)formar a l@s estudiantes.

  • Sofi, ¿Qué es para vos “ser docente”?
  • Para mí el docente es aquel que logra llegarles a los chicos. Es esa persona que logra que salgamos distintos cuando toca el timbre, que nos hace crecer, pensar. Docente no es el que está recibido, o el que tiene linda letra en el pizarrón. Docente es el que nos mira a los ojos y nos enseña esas cosas que tanto hacen falta; la curiosidad, el deseo de aprender, de mejorar, pero no por uno mismo, al contrario. El deseo de ser mejores por el resto, por la sociedad, por el futuro. Cambia en cada uno de nosotros la forma de ver el mundo y eso, afortunadamente, es irreversible.

  • ¿Cuáles son tus objetivos/propósitos/expectativas de logros cuando comenzás una cursada?
  • Mis objetivos en general tienden a ser prácticos; me gusta encontrarle una aplicación en el mundo real (si es que se le puede decir así) a los conocimientos que adquiero en el aula. Disfruto salir de ésta pensando en lo que acabo de ver, y haciendo mis propias conjeturas. Siento que me saltee una parte que considero obvia pero no por eso menos fundamental que es la de mí deseo de aprender. Aprender es, sin lugar a dudas, mi mayor expectativa siempre que comienzo una cursada.

A la hora de pensar en las características que deberíamos tener l@s docentes, Sofi rescata la paciencia como un indicador de vocación y el pensamiento crítico como una invitación (aunque suene redundante) al pensamiento crítico.

  • ¿Qué características creés que debería tener un docente para ser mejor como facilitador de los aprendizajes de l@s estudiantes?
  • Un docente debe ser paciente, crítico y debe tener una mente abierta. La paciencia es una característica que admiro mucho y que considero que demuestra mucha vocación. El interés de que un chico aprenda, no importa si tarda una hora, un día o un año, es un valor que siempre me sorprende. Ser crítico siento que es importante para lograr lo mismo en el alumno, instalar un pensamiento que incite a reflexionar. Y la mente abierta se podría llamar también aceptación, el alumno debe poder confiar en su docente y saber que no va a ser juzgados si no comprendidos.

Cerrando la entrevista, Sofi profundiza sobre un tema que nos (pre)ocupa y sobre el que ya discutimos (y seguiremos discutiendo) mucho en este Blog: la evaluación. Esa evaluación que lejos de servir para mejorar los procesos de enseñanza, para ajustar expectativas, para reflexionar sobre los aprendizajes, estandariza, clasifica y estigmatiza a l@s estudiantes al mismo tiempo que deforma todo el proceso de enseñanza cuando éste se somete a la lógica de la evaluación actual perdiendo de vista los sentidos del hecho educativo.

  • Si tuvieras que hacer una propuesta de cambio concreto que pudiera aumentar el compromiso, la motivación y la participación tuya y de tus compañer@s, ¿qué propondrías y por qué?
  • Aunque modifiquemos todo el sistema de enseñanza, si mantenemos la forma de evaluación, me atrevo a decir, arcaica que existe hoy en día es imposible que avancemos mucho. Un alumno se siente definido, encasillado por su nota, que es obtenida de una prueba estandarizada en la que no se tiene en cuenta sus capacidades, sino que se evalúa con un criterio general. Hay una frase que a mí me gusta mucho que es “Todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar árboles vivirá toda su vida pensando que es un inútil”. Esa frase resume todo, el sistema de educación actual no se concentra en averiguar e incentivar el potencial de cada chico, sino que los moldea, los acomoda, los recorta, para que sean y piensen de una determinada manera. Así, un chico extremadamente creativo pero muy malo en matemática no es considerado inteligente, aunque en la misma situación pero a la inversa sí lo es. Tal vez deberíamos comenzar a plantearnos como sociedad que es lo que consideramos inteligente, y fundamentalmente que es lo que consideramos aprender.

  • ¿Cuáles son y cuáles “deberían ser”, en tu opinión, los objetivos de la Educación?
  • Actualmente los objetivos de la educación que observo son la producción (sí, producción) de adultos que sean “funcionales” en el mundo que viene luego de la educación. Ahora, considero que los objetivos deberían ser la formación y transformación de los niños en adultos independientes, creativos, felices. Creo que el objetivo principal de la educación es darle a las futuras generaciones las herramientas para cambiar la sociedad, para mejorarla, para superarnos a nosotros mismos. Debería inculcar no competencia e individualismo sino un sentimiento de sociedad, de hermandad.


* Sofía Zibecchi (@sofi_zibecchi) tiene 16 años y es alumna del Colegio Federico García Lorca. Actualmente cumple el rol de presidenta del Centro de Estudiantes. Se considera una fanática de la política, los libros, la música y la fotografía. Disfruta mucho de sentarse a escribir (http://paisdelasalegorias.blogspot.com.ar/), así como también de ponerse a cocinar. Se define como una empedernida feminista y peronista.